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Ante el clamor de un pueblo, los Ángeles actúan


Venimos compartiendo y conociendo día a días más sobre ese ejército de Dios que lucha a nuestro lado, el ejército de San Miguel y de todos sus santos ángeles. Hoy queremos compartirte algo que pocos conocen. Las particulares situaciones que estamos viviendo nos invitan a orar insistentemente por nuestros países, ¿sabías que cada país tiene un santo ángel de la Guarda del mismo modo en que nosotros lo tenemos?


Seguramente has escuchado hablar de las apariciones que ocurrieron en Fátima, pero tal vez lo que no tenías presente es que las apariciones de Nuestra Señora fueron precedidas por la aparición de un Ángel.


Los tres pastorcitos vieron tres veces la aparición del celestial enviado.

En la primera aparición el Ángel se les reveló a ellos como “el Ángel de la Paz”. Esto es muy interesante porque en la Sagrada Escritura, como en ese día en que los pastorcitos vieron la aparición del ángel, la primera impresión es la de cierto “espanto”, y esto es bien distinto cuando los videntes ven a Nuestra Señora. Santa Bernardita como san Catalina Labouré dicen que los pastorcitos han sentido una tranquilidad inmensa cuando Nuestra Señora llegaba y si prestas atención a las Sagradas Escrituras, por ejemplo mirando a Jacob, la impresión que él tuvo primero fue de miedo.


Los pastorcitos quedaron perplejos, por eso se presenta como un ángel de la paz.

A pedido del Obispo Sor Lucia lo escribe en su diario:


“Fuimos a la propiedad de mis padres, que está abajo del Cabeco, mirando

hacia el este. Se llama Chousa Velha.

Como a mitad de mañana comenzó a lloviznar y subimos la colina, seguidos de las ovejas, en busca de una roca que nos protegiera. Así fue como entramos por primera vez en el lugar santo. Está en la mitad de una arboleda de olivos que pertenece a mi padrino, Anastasio. Desde allí uno puede ver la aldea donde yo nací, la casa de mi padre y también Casa Velha y Eira da Pedra. La arboleda de obispos, que en realidad pertenece a varias personas, se extiende hasta estos lugares.

Pasamos el día allí, a pesar que la lluvia había pasado y el sol brillaba en el cielo azul. Comimos nuestros almuerzos y comenzamos a rezar el rosario.

Después de eso comenzamos a jugar un juego con guijarros. Pasaron tan solo unos segundos cuando un fuerte viento comenzó a mover los árboles y miramos hacia arriba para ver lo que estaba pasando, ya que era un día tan calmado. Luego comenzamos a ver, a distancia, sobre los árboles que se extendían hacia el este, una luz más blanca que la nieve con la forma de un joven, algo transparente, tan brillante como un cristal en los rallos del sol. Al acercarse pudimos ver sus rasgos. Nos quedamos asombrados y absorbidos y no nos dijimos nada el uno al otro. Luego él dijo:

No tengan miedo. Soy el ángel de la paz. Oren conmigo.


El efecto intenso de esta aparición del Angel tuvo sobre los niños, fue diferente a la experiencia serena con la Virgen. Lucía dice:


No sé porque pero las apariciones de la Virgen produjeron en nosotros efectos muy diferentes que los de las visitas del ángel. En las dos ocasiones sentimos la misma felicidad interna, paz y gozo, pero en vez de la posición física de postrarce hasta el piso que impuso el ángel, nuestra Señora trajo una sensación de expansión y libertad, y en vez de este aniquilamiento en la presencia divina, deseábamos solamente exaltar nuestro gozo. No había dificultad al hablar cuando nuestra Señora se apareció, había más bien por mi parte un deseo de comunicarme.

Esta diferencia puede tal vez ser explicada de la siguiente manera.

Los ángeles cualquiera que sea su coro tienen en común con Dios una naturaleza espiritual, no mezclada con la materia. La bondad de su ser, llena de justicia divina de acuerdo con el nivel de gloria dado a cada uno, irradia esa santidad sin mediación, por tanto proporcionada

a la capacidad de los seres humanos para experimentarla. No sin razón las escrituras demuestran cuan fácil se puede confundir a un ángel apareciéndose a un hombre con el mismo Dios. (Ap 19:10, 22:9).


Sin embargo, cuando se aparece nuestra Señora, aunque su gloria es mayor a la del más alto serafín, su naturaleza humana cubre esta gloria, así como pasó con la naturaleza de nuestro Señor, aún después de su Resurrección.


La segunda Aparición del Ángel fue durante el verano.

Los tres Pastorcitos, pasaban la hora de la siesta a la sombre de los árboles, cuando de repente, el mismo Ángel surge otra vez, con el mensaje de que la oración y el sacrificio traerían paz a su país.

En esa ocasión les dice:


“¡Orad! ¡Rezad mucho! Los Corazones de Jesús y de María tienen sobre vosotros designios de misericordia. Ofreced constantemente al Altísimo plegarias y sacrificios. De todo lo que podáis, ofreced un sacrificio en acto de reparación por los pecados con que Él es ofendido y de súplica por la conversión de los pecadores. Atraed así sobre vuestra Patria la paz. Yo soy el Ángel de su Guarda, el Ángel de Portugal. Sobre todo, aceptad y soportad con sumisión el sufrimiento que el Señor os envíe”.


En esta segunda aparición se presenta, como “el Ángel de Portugal” y esto ha llegado a calar

tan hondo en la vida de la Iglesia que litúrgicamente Portugal tiene un día en que celebra al

“Santo Ángel de Portugal”.


Los grandes teólogos de la Iglesia Católica han sostenido, como presentada en la Sagrada

Escritura, la doctrina de que la Divina Providencia ha encomendado a un Ángel, la custodia y

protección de cada pueblo o nación. Comentando sobre el capítulo décimo de la profecía de

Daniel los Padres de la Iglesia y escritores católicos toman ocasión de aquellas palabras “el

Príncipe del Reino de los Persas, el Príncipe de los Griegos y el Príncipe de los Judíos” para

exponer la común doctrina de que la Divina Providencia ha encomendado a la custodia y protección de un Ángel cada uno de los pueblos o naciones.


“Que cada Nación tiene su propio Ángel Custodio lo afirma la Escritura” dice Teodoreto.

“Unos Ángeles están al frente de las naciones, otros acompañan a cada uno de los fieles”

afirma San Basilio.


Además de la contemplación de Dios que los beatifica, los buenos Ángeles están ocupados en la guarda de la Iglesia, de las naciones y de los individuos; cada pueblo tiene su Ángel al

frente, dicen San Gregorio, Casiano y San Isidoro.


San Cirilo se hace eco autorizado de la general creencia de que cada Reino tiene un Ángel

particularmente encargado de guiarle. San Gregorio Nacianceno y San Juan Crisóstomo

enseñan que a cada Nación ha sido dado un Ángel Guardián que la protege e inspira santos

pensamientos a los que guía.


San Jerónimo, San Hilario y San Ambrosio describen al Ángel de cada Reino intercediendo por sus hijos y cubriéndoles con su protección.


San Juan Damasceno dice de ellos: “Mensajeros y ministros de Dios ejecutan su voluntad, se muestran a veces a los hombres, están destinados para guardianes de ciertas regiones de la tierra, de ciertas naciones; se ocupan de nuestros intereses y nos prestan auxilio.”


Es por ese motivo en que debemos levantar un clamor grande al ángel de la Guarda de

nuestros países que pasan por situaciones tan complejas. Y nosotros tenemos muy en claro

que cuando suplicamos a Dios la intervención de sus santos ángeles, ellos actúan, ellos interceden.


Veamos la Sagrada Escritura, tomemos los Hechos de los Apóstoles 12, 1ss


Por aquel entonces, el rey Herodes hizo arrestar a algunos miembros de la

Iglesia para maltratarlos.

Mandó ejecutar a Santiago, hermano de Juan, y al ver que esto agradaba a los judíos, también hizo arrestar a Pedro. Eran los días de «los panes Acimos».

Después de arrestarlo, lo hizo encarcelar, poniéndolo bajo la custodia de cuatro relevos de guardia, de cuatro soldados cada uno. Su intención era hacerlo comparecer ante el pueblo después de la Pascua.

Mientras Pedro estaba bajo custodia en la prisión, la Iglesia no cesaba de orar a Dios por él.

La noche anterior al día en que Herodes pensaba hacerlo comparecer, Pedro dormía entre los soldados, atado con dos cadenas, y los otros centinelas vigilaban la puerta de la prisión.

De pronto, apareció el Angel del Señor y una luz resplandeció en el calabozo. El Angel sacudió a Pedro y lo hizo levantar, diciéndole:


«¡Levántate rápido!». Entonces las cadenas se le cayeron de las manos.

El Angel le dijo: «Tienes que ponerte el cinturón y las sandalias» y Pedro lo hizo.

Después de dijo: «Cúbrete con el manto y sígueme».


Pedro salió y lo seguía; no se daba cuenta de que era cierto lo que estaba sucediendo por intervención del Angel, sino que creía tener una visión.

Pasaron así el primero y el segundo puesto de guardia, y llegaron a la puerta de hierro que daba a la ciudad. La puerta se abrió sola delante de ellos.

Salieron y anduvieron hasta el extremo de una calle, y en seguida el Angel se alejó de él.

Pedro, volviendo en sí, dijo: «Ahora sé que realmente el Señor envió a su Angel y me libró de las manos de Herodes y de todo cuanto esperaba el pueblo judío».

Y al advertir lo que le había sucedido, se dirigió a la casa de María, la madre de Juan, llamado Marcos, donde un grupo numeroso se hallaba reunido en oración.

Cuando golpeó a la puerta de calle, acudió una sirvienta llamada Rosa; esta, al reconocer su voz, se alegró tanto, que en lugar de abrir, entró corriendo a anunciar que Pedro estaba en la puerta.


«Estás loca», le respondieron. Pero ella insistía que era verdad. Ellos le dijeron:

«Será su ángel».

Mientras tanto, Pedro seguía llamando. Cuando abrieron y vieron que era él, no salían de su asombro.


La Palabra nos presente a san Pedro prisionero detrás de cuatro puertas y cada una custodiada por un soldado. Lo que no contaba Herodes es que existía un pueblo de fe que levantaba un clamor de fe, un clamor poderoso.

Y todo clamor siempre es escuchado en los cielos.

Conocemos por expresiones de ex satanistas que dicen que ante el clamor de un pueblo, de una ciudad, que se levanta en oración es imposible hacer algo. Que ningún hechizo, ningún

encantamiento, ninguna brujería tiene poder en una ciudad, en un barrio donde los creyentes levantan su clamor.


En el texto de los hechos san Lucas dice que mientras Pedro estaba en prisión el pueblo hacía insistentemente intercesión, oración a Dios, en favor de él.

Cuando llegó el momento aquella noche de presentar a Pedro ante Herodes, él estaba

durmiendo encadenado y junto a su puerta había dos soldados, y dice la palabra que se hizo

presente de repente un Ángel del Señor y una luz brillo en la celda, y le ordenó inmediatamente ponerse de pie y se le cayeron las cadenas.

Y el Ángel comenzó a guiar a san Pedro de tal manera que pasó las cuatro puertas y san Pedro no tuvo otra salida que reconocer lo que manifiesta la palabra: “«Ahora sé que realmente el Señor envió a su Angel y me libró de las manos de Herodes y de todo cuanto esperaba el pueblo judío».


Ese Ángel escucho el clamor de una iglesia que oraba unida pidiendo la salvación de su primer pontífice. La iglesia que rezaba por la salvación de jefe de la iglesia que necesitaba ser liberado.


¿Entiendes por qué es preciso orar, clamar a los ángeles?

Nuestras naciones necesitan ser liberadas en las batallas que se están librando y así como “Portugal tiene su Ángel”, cada nación tiene un Ángel y es preciso que los pueblos de cada nación se levanten en clamor, en oración de intercesión a Dios Padre, pidiendo que el Ángel al cual le encomendó nuestras tierras luche por nosotros.


Aquí en Argentina, hemos festejado los 500 años de la primer Eucaristía celebrada un Domingo de Ramon en Puerto San Julian.

Es por eso que necesitamos levantarnos en oración, en medio de la pandemia para que nuestro país dividido por tantos antagonismos, por tantos intereses mezquinos, por injusticias que claman al cielo sea liberado.


El Señor sabe cuántos de los nuestros están pasando situaciones de gran miseria, están sufriendo hambre a causa no solo del desempleo sino de la avaricia, de la corrupción, de la

ceguera de nuestros dirigentes. El Señor conoce y sabe cuanto daño hacen las llamadas

“vivezas criollas”


El Señor conoce cuantos hijos se están perdiendo a causa de la violencia que se vive en las calles, de los robos, de los hurtos. El Señor no es indiferente a los actos de violencia que sufren mujeres y niños; conoce el dolor que causa la trata de personas, el trabajo en negro, el trabajo esclavo; Nuestro Dios no es un Dios que cierra los ojos al grave problema de las drogas, del tráfico de drogas.


Es preciso en este día y, a partir de éste día, levantar un clamor por tantos hermanos de nuestra patria que están sumergidos en el pecado, no solo los pecados de corrupción, sino

sobre todo de los pecados personales porque muchos de los que enfrentan situaciones difíciles y optan por el pecado.

Por eso decimos: ¡Santo Ángel de mi país, ¡Ven ahora!

Ven en nuestro auxilio y ven a interceder para que seamos realmente una tierra de paz y nuestro país sea liberado por el poder de la Sangre de Jesús en cada Santa Misa que es celebrada a lo largo y a lo ancho de nuestra patria como lo fue aquel Domingo de Ramos en la desolada Patagonia.


Es preciso especialmente en este tiempo que levantemos clamor por las criaturas que son retiradas del vientre de sus madres, por el flagelo del aborto que está queriendo ser implantado en el mundo entero fruto del “nuevo orden mundial” que quieren imponernos. Es

preciso orar al Angel de nuestro país para que en comunión con los ángeles de la Guarda de nuestros políticos, de senadores y diputados, sean iluminadas sus mentes y sus corazones

sean convertidos. Es vital proclamar junto con el Ángel de nuestro País que ansiamos ser un país de vida.


Es preciso que el Ángel nos ayude a ser hombres y mujeres íntegros, que aleje la mentira de todos nuestros corazones y labios, El Señor actuará poderosamente a través del Santo Ángel.

 
 
 

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