Aparición de San Miguel al emperador Marciano
- rccrecreo

- 23 ago 2021
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Entre todas las maravillosas apariciones, admirable fue aquella que aconteció al Emperador Marciano, que se dedicó a servir a San Miguel Arcángel en el Templo de Colosas.
En todas sus enfermedades, Marciano no usaba otro remedio, a no ser el patrocinio de San Miguel; pues recurriendo a él, quedaba curado. Pero Dios, para probar de mayor forma el gran poder conferido a su Primer Ministro en el Cielo permitió que Marciano contrajese una enfermedad mortal.

El Emperador rechazó cualquier remedio que quisiesen aplicarle a no ser permanecer en aquel venerable santuario. Un médico juzgo eso obstinación, y ordenó que, aún si el Emperador lo rechazase, le fuesen aplicadas algunas compresas.
A la noche, Marciano, teniendo un éxtasis, vio las puertas de la Iglesia abriéndose, y San Miguel en fuerte y bello caballo descender del Cielo. El Arcángel saltó del caballo encima de una columna de la Iglesia, acompañado de ángeles y, llenando el aire de suavísima fragancia, llegó donde estaba el enfermo Marciano. Volviendo la mirada a los medicamentos que el médico había ordenado, preguntó qué era aquello, y quién había tenido el coraje de hacer tal cosa en su casa.
Marciano respondió la verdad; y San Miguel se dirigió a dos ángeles que estaban a su lado, mandándole que ellos hiriesen la cabeza de aquel médico, y tirasen los medicamentos, inmediatamente, mojando un dedo con aceite de la lámpara que ardía delante de su imagen, hizo con ella la señal de la Cruz sobre la cabeza de Marciano; saliendo de la Iglesia volvió a los Cielos, de donde había descendido.
Por la mañana Marciano contó lo que había visto a un sacerdote, el que, viendo en la cabeza de Marciano la forma de la cruz que el Santo Arcángel le había hecho, y no encontrando los medicamentos que en la noche anterior le habían sido aplicados por orden del médico, fue a visitarlo. Llegando a su casa, la encontró lleno de llanto y confusión, pues el médico estaba muriendo, y con la boca llena de heridas, exclamaba: “Cristianos, tengan misericordia de mi, y córtenme la cabeza, pues no consigo aguantar los dolores que estoy sintiendo”.

Después de la llegada y el relato del Sacerdote, el médico fue llevado, arriba de su propia cama, hasta la Iglesia de San Miguel. Con el barullo de su llegada, Marciano se despertó, y ya se encontraba totalmente curado. Se Levantó muy contento, y fue hasta el médico que estaba pidiendo ayuda a San Miguel; le ungió la cabeza con aquel óleo de la lámpara de su imagen, y de repente el dolor acabó, desaparecieron las heridas, quedando con la salud perfecta. De allí en adelante el médico fue tan devoto y agradecido a San Miguel que se dedicó a servir a Dios, y al Santo Arcángel en el templo, mientras vivió. (1)
Aprendamos con esto a recurrir a San Miguel, especialmente en toda enfermedad, y confiando en su poderosa ayuda seremos salvos.
Referencia
(1) NIEREMBERG, Juan Eusebio. De la devoción y patrocinio de San Miguel. Madrid: Francisco Robles 1643. Cap XXIII, p. 197-199



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