Aparición de San Miguel en Francia
- rccrecreo

- 3 sept 2022
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También en Francia el Príncipe de los Ángeles, San Miguel, quiso volver célebre su nombre y demostrar su fuerza. Durante el año 709, San Miguel se apareció al Obispo San Alberto de Avranches, exigiéndole que en aquel lugar que era llamado monte de las tumbas, donde él encontrase un toro amarrado, allí edificase una Iglesia, queriendo que a él se prestase igual veneración, como en Gargano (Italia). El Obispo no creyó aquella visión, temiendo que fuese solamente una ilusión; recibió entonces un segundo aviso, pero tampoco en ese creyó. Sucedió que San Miguel, renovando su orden, se le apareció por tercera vez y, como señal, le introdujo un dedo en la cabeza, dejándole un agujero que aún hoy puede ser visto en el cráneo del santo obispo.

Fue entonces que San Alberto dio ejecución a las órdenes del Santo Arcángel, diseñando un nuevo templo con su clero y con arquitectos, para edificarlo en el lugar donde encontraron el toro amarrado.
Dos grandes dificultades se oponían al proyecto: la primera era la existencia de dos montes (sierras) que se levantaban como pirámides, y la otra era que no había agua en los alrededores.

San Miguel resolvió ambas dificultades. Pidió al obispo que un niño aun de brazos, de nombre Bain, que se encontraba allí cercano, con su piecito diese un puntapié en los montes (sierras) y que el santo obispo, con una vara, a semejanza de Moisés, golpease en el monto para recibir agua. Así fue hecho: los montes se movieron y el agua surgió, y todavía en el día de hoy brota ofreciendo prodigiosas sanaciones. Imagina con que celo fue construida la Iglesia.

Una vez concluida, San Miguel mandó que el santo obispo enviase alguien para Gargano para pedir parte del Estandarte Rojo, y del mármol en el que él dejó sus pisadas. Fue un milagro el hecho que los canónigos de Gargano tan fácilmente creyesen en quien fue a pedir tan preciosas reliquias. Y quien podrá decir con qué respeto y veneración fueron transportadas.
Innumerables son los milagros que en tal circunstancia hizo la bienaventurada mano de San Miguel por los poblados por donde pasaban. En un solo lugar, doce ciegos recibieron la visión, entre los cuales una mujer de Belvedere. Después de un año, el día 16 de octubre, las preciosas reliquias llegaron y nuevas maravillas ocurrieron.

El mar ocupó todas las selvas y derrumbó todos los bosques en torno al monte, reduciéndolos en arenas vacías, para facilitar los caminos de los fieles. El Obispo, al recibir las reliquias, parecía tocar el Cielo con un dedo. Nombró ministros para celebrar en aquel templo sagrado, y fue instituida la fiesta el día 16 de octubre, que se conmemora también en el Gargano (1)
¡La fuerza de San Miguel no se extiende a pocas personas, o pocas ciudades, sino incluye a toda la Iglesia, y en beneficio de todos los fieles concede favores!
¡Feliz quien por San Miguel está protegido!

Referencia
1) CAVAGLIERI, Marcello. Il pellegrino al Gargano. Ragguagliato della possanza beneficante di S. Michele nella sua celeste basilica. Macerata: Ed. Bassano, sec XVIII. P.121



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