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Aparición de San Miguel sobre Monte Faito en Castellamare

San Miguel Arcángel siempre demostró su grandeza y su fuerza sobre los montes. En el Monte Faito (1), también llamado “Santo Angiolo”, localizado entre las ciudades de Castellamare di Stabia y Vico Equense, el Arcángel apareció a San Catello, entonces obispo de Stabia y a San Antonino Abad, allí se encontraban retirados para aprovechar de aquella quietud y la soledad que trae consigo; Aprobando la resolución de ellos, (el Santo Arcángel) hizo su aparición requiriéndoles edificar una iglesia en el lugar donde ellos viesen una antorcha ardiendo.

Algunos relatos dejan ver con claridad que la historia del santuario de San Miguel Arcángel está estrechamente vinculado a la figura tanto de San Catello como de San Antonino; este último, escapado de la Abadía de monte cassino como resultado del “saqueo” de los lombardos hacia el final del siglo VI; Fue cuando llegó a Stabia, donde el obispo de la época, -Catello-, con quien había forjado una profunda amistad, le confió la diócesis, para retirarse a la vida contemplativa en Monte Faito, en el momento llamado “aureus”; Poco tiempo después los roles se invirtieron y Antonino se trasladó a la montaña, viviendo en soledad en una cueva, comiendo hierbas. Catello también regresó a la montaña, no sólo por el deseo de continuar una vida en meditación, sino también para seguir a una buena parte de la población de la zona, que, a causa de las incursiones Longobardas, habían decidido refugiarse en las laderas de la montaña.


Una noche, San Miguel Arcángel se apareció en un sueño a los dos santos, ordenando la construcción de una capilla en su honor: en poco tiempo, en el pico más alto de los Monti Lattari, es decir, el Monte Sant'Angelo, también conocido como El Molar, se construyó el primer templo rústico realizado en madera donde ellos pudieron retirarse y vivir con más fervor los ejercicios espirituales.


Pero el obispo San Catello fue fuertemente perseguido por algunos enemigos de las virtudes, acusándolo de brujerías, hasta ser encarcelado en Roma, donde San Miguel hizo que el Sumo Pontífice fuese convencido de su inocencia. Y él no solamente lo dejó volver libre a su iglesia, sino también le donó una estatua de mármol, y un poco de plomo, -con el cual posteriormente fue construido el techo-, para que la humilde capilla pudiese ser concluida y de manera más digna honrar a su libertador.


Después de ese tiempo de encarcelamiento en Roma, acusado de brujería, san Catello (Castillo) retornó nuevamente a la montaña para dedicarse a la expansión de la iglesia, mientras que Antonino se convirtió en abad del monasterio benedictino de Sorrento, y con el paso de los años, el templo se convirtió en uno de los más importantes de Europa, siendo destino de muchos peregrinos, tanto es así que se celebraba misa todos los días, y en 1392 ya finalmente fue reconocido con el título de Abadía.


En ella los devotos del Santo Arcángel de los alrededores y también de los lugares más distantes, acostumbran conmemorar la fiesta el día primero de agosto, porque en otra estación la nieve y el tiempo malo no lo permiten.

Siempre que el sacerdote hace la señal de la Cruz para entonar las primeras vísperas en el último día del mes de Julio, la referida estatua de San Miguel transpira algo semejante a un sudor, el cual es recogido por los fieles en vendajes de algodón, siendo remedio para cualquier tipo de dolencia.


En 1558 se describió por primera vez el milagro de la sudoración en la estatua de San Miguel; En 1689 la iglesia fue golpeada por un rayo que causó el colapso del techo decidiéndose hacer frente a importantes renovaciones, a las que se añadieron otras en 1694.


En 1703 San Miguel fue proclamado patrono de Castellammare di Stabia, mientras que el 28 de septiembre de 1762 la iglesia fue consagrada por Monseñor Giuseppe Coppola. En este mismo período, el día de la fiesta de San Catello, el 19 de enero, un sacerdote vino al Monte Faito para celebrar al santo patrono y para gran asombro vio que la hierba alrededor de la iglesia estaba cubierta de tulipanes, flor inusual tanto para la altura como para la temporada: las flores fueron vistas como un signo divino, fueron recogidas y mostradas a la población.


En 1818 el santuario fue destruido por un incendio y reconstruido, siendo consagrado el 29 de julio de 1843 por Monseñor Angelo Scanzano y el santo en agradecimiento, dos días después, renovó el milagro de sudar, milagro mostrado al rey Fernando II, de vacaciones en el palacio real de Quisisana.


En 1862, debido a las incursiones de los bandidos, toda forma de peregrinación cesó y el templo cayó en ruinas. El 20 de diciembre la estatua, fuertemente vandalizada y alcanzada por un rayo, fue recuperada y llevada a la Catedral de Stabiese, donde se conserva.

Los intentos posteriores de reconstruirla fueron en vano como ocurrió en 1899 a instancias del Conde Girolamo Giusso o el 2 de julio de 1935 a instancias del Obispo Pasquale Ragosta, cuyo proyecto entonces fue abandonado debido a la guerra etíope.

El trabajo de construcción del nuevo santuario, por el commendatore Amilcare Sciaretta comenzó el 24 de octubre de 1937 después de la bendición de la primera piedra por el obispo Federico Emanuele, aunque en un lugar diferente del original donde se encontraba la antigua abadía.

La nueva iglesia fue consagrada el 24 de septiembre de 1950, después de un largo descanso debido al estallido de la Segunda Guerra Mundial. Los ladrillos que se utilizaron para la construcción fueron todos traídos por los devotos como un regalo a San Miguel; fue con el transcurso de los años, que el culto de San Miguel nuevamente aumentó y mucho.


En el interior la nave es única; el altar está realizado de madera, más precisamente de barriles de roble esloveno y fue realizado por los escultores de Val Gardena, mientras que el tabernáculo es obra de Raffaele Scotti; En el altar mayor, en un trono, está la estatua de San Miguel, construida por Edoardo Rubino y bendecida por el Papa Pío XII, siendo adornada en 1992 con la corona, la espada y el escudo en plata.


La iglesia presenta la fachada cubierta con piedras grises, en la que se abre un amplio portal con forma de arco en cuyo centro se encuentra la puerta de entrada.

La antigua estatua de San Miguel, presente en la antigua abadía, hoy se encuentra en la Catedral de Castellammare di Stabia; La misma es bastante alta (102 cm), realizada en mármol blanco y fue ofrecida como regalo por el papa Gregorio I a San Catello. Algunos estudios recientes especifican que muy probablemente sea el trabajo de la escuela de Francesco Laurana, y que la misma date del siglo XV.


La estatua tiene muchos signos de rotura y, como resultado de una fallida restauración, el brazo derecho se pegó mal y la sandalia del pie izquierdo se puso en el derecho. El Arcángel se presenta como un guerrero Lombardo, vestido con una túnica gruesa, y con una expresión casi femenina, que conduce a una representación en la cueva de San Biagio, en 1864; Estaba adornada con una lanza, un escudo y una corona de plata. En las dos capillas laterales se colocaron las esculturas de San Catello y San Antonino, obras de Francesco Jerace; El campanario, construido junto con la Iglesia, no tiene elementos arquitectónicos especiales. Las campanas fueron hechas por la fundición Capezzuto y donadas por la ciudad de Castellammare di Stabia, Sorrento, Pompeya y Pimonte. El santuario se completa externamente con una estatua de la Madonna Dell'accoglienza, realizada en 1988 y un grupo de esculturas de bronce, que representan a San Miguel, San Catello y San Antonino, realizadas, en el 2000, por Giovan Battista Marello por encargo del Obispo Felice Cece.



Referencia

1) Cfr. Libro: “Il Celeste Principato di San Michele como Signifero della Croce” NdT: Infelizmente no fue posible recuperar la referencia bibliográfica del libro citado.

 
 
 

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