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Cinco caminos para llegar al Rostro de Dios y comprenderlo

PASO A PASO

Cinco caminos para llegar al Rostro de Dios y comprenderlo


¿Cuánto tiempo dedico a la oración al día? Gastamos muchas horas en cosas triviales, con quehaceres sin fundamentos, bromas sin sentido, conversaciones ligeras, horas y horas mirando televisión, en internet, en el celular... ¿Y por qué tan poca oración? San Agustín nos dice que la oración es la unión de dos personas sedientas. Necesitamos tener sed de Dios, orar cada vez más, porque Dios tiene sed de salvarnos, sin rendirse jamás.


La oración es el primer camino de aproximación a Dios

¡Busquemos la intimidad con Dios! Además de la oración personal, podemos ejercitar nuestra intimidad con el Señor a través de prácticas espirituales. Una de las prácticas que nos pone cara a cara con Él es la adoración al Santísimo Sacramento. ¿Cuántas veces has visitado a Jesús en el día, quizás en la semana? Jesús está en el Tabernáculo, siempre esperándonos; y allí, a los pies del Sagrario, cara a cara, podemos orar con la certeza de que la gracia acontece. Todos los santos dedicaron horas y horas a la adoración. El cielo está hecho por los santos. ¿Quieres ser santo? Pasa tu vida a los pies de Jesús, déjate consumir por Él. Cuánto más adores a Dios, más sentirás Su presencia en tu vida diaria.


Segundo camino: Sacramentos

Así como una madre usa un termómetro para medir la temperatura de su hijo, los sacramentos son el termómetro de nuestra fe. Si estamos al día en la confesión, si participamos en la Santa Misa sin faltar los domingos, vamos camino al corazón de Dios y veremos Su rostro.


Tercera vía: Palabra de Dios, Lectio Divina, Liturgia de las Horas

Por la Palabra de Dios sabremos por dónde caminar. Ella es luz para nuestra vida y sin ella nos perderemos. El GPS es un accesorio que utilizan muchos conductores para no perderse en sus caminos. Pues bien, el GPS que nos lleva al cielo es la Palabra de Dios. Necesitamos usar la Palabra de Dios siempre; tiene la respuesta a todo lo que necesitamos. Un cristiano que no tiene contacto diario con la Palabra de Dios, que no hace una lectura orante de la Palabra ni su diario espiritual con la Palabra de Dios corre un gran riesgo de perderse y, en lugar de ir al cielo tomar el camino que lleva al infierno.


La Liturgia de las Horas es utilizada por todas las personas consagradas. Cuando descubrí el poder de esta gracia y cuánto nos hace caminar en la luz, en comunión con la Iglesia, con la visión profética de todas las necesidades de los hermanos que sufren, comencé a rezarla todos los días, y eso amplificó en mi el deseo de santidad, fidelidad y vida misionera.


Cuarto camino: el Espíritu Santo

Sin el Espíritu Santo no hacemos nada bueno, como nos enseña la Beata Elena Guerra. Todo lo que hacemos sin el Espíritu Santo, por más bueno que sea, no tiene valor alguno. El Espíritu Santo nos convence del pecado y nos convierte en testigos de Dios.


El Espíritu Santo es nuestra vida. Desde el Antiguo Testamento, ha sido él quien ha guiado la vida del pueblo de Dios. El Espíritu está en nosotros, somos templos vivientes del Espíritu Santo, somos Tabernáculos del Espíritu Santo. ¿Qué estamos haciendo con nuestro cuerpo?


Cada mañana, cuando nos despertamos, debemos gritar: "Buenos días, Espíritu Santo, ¿qué vamos a hacer juntos hoy?" En todo lo que hacemos, durante el día, debemos invitar al Espíritu Santo a que esté con nosotros. Los primeros cristianos afirmaban: "Nosotros y el Espíritu Santo tomamos esta decisión".


No podemos, por la noche, cerrar los ojos sin pedirle perdón al Espíritu Santo por todo lo que hicimos sin Él, con el compromiso de que, al despertar al día siguiente, todo lo que hagamos tendrá su participación. ¿Quieres ser santo? Mira la vida de los santos. Todos tenían intimidad con el Espíritu Santo. Necesitamos tener la certeza de que quien santifica es el Espíritu Santo.


Quinto camino: el hermano

El sacramento de Dios encarnado es el hermano. Tocar la carne de Dios implica tocar la carne del hermano. No podemos imaginar el rostro de Dios aislado, encerrado en nosotros mismos.


Si queremos caminar en busca del rostro de Dios, debemos caminar hacia los hermanos que sufren, ser presencia de Dios para ellos, providencia de Dios para ellos, misericordia de Dios para ellos. Aquí muchos se pierden, porque quieren vivir una fe sin tener contacto con su hermano, lejos de la realidad del mundo, de los problemas, de los retos a afrontar.


Necesitamos unirnos. Cuanto más juntos estemos, más en Dios estaremos. Fue Dios mismo quien dijo: "Cuando se reúnan dos o tres en mi nombre, yo estaré entre ellos" (Mt 18, 20). El camino del rostro de Dios es el camino del encuentro con el hermano.


Señor, hazme fiel en la oración, en los sacramentos, en la búsqueda diaria de la Palabra, en la adoración, sin faltar a la Misa. Derrama tu Espíritu sobre mí, porque sin Él no puedo hacer nada bueno.


Que tu Espíritu Santo domine la furia de Satanás que se ha asentado en mi vida, en mi familia, en esta difícil situación que estoy viviendo. Espíritu Santo, no me dejes desviar del camino del rostro de Dios; Quiero ser misericordioso, porque solo entonces sentiré la plenitud de la misericordia de Dios.


Ven, Espíritu Santo, enciende el fuego de la misericordia en mi alma y hazme misericordioso. Necesitamos tener muy claro en nuestra vida la medida de la misericordia de Dios en nosotros, ya que esta es la medida de nuestra misericordia hacia los hermanos, especialmente los más cercanos a Jesús.


Hemos vivido el Año Santo de la Misericordia, ¿y qué ha cambiado en nuestras vidas? ¿Qué cosa concreta ha cambiado en nuestra familia? ¿Qué cosa concreta ha cambiado en nuestro ministerio?


La misericordia no puede ser un acto aislado; necesita ser constante, continua, porque la medida de la misericordia de Dios para nuestra vida es la medida de nuestra misericordia hacia los demás.


Es imposible vivir en la Luz sin amar al prójimo. En una de sus cartas, San Juan dice: "El que dice que ama a Dios y odia a su hermano es un mentiroso" (cf. 1 Jn 4,20). ¿Cómo podemos afirmar que amamos a Dios que no vemos, si no amamos al hermano que vemos?


Escribí este texto en una misión en Italia, durante la cual estuve en la Comunidad San José, en Roma, con mis amigos Francesca y Claudio, fundadores de esa comunidad. La comunidad trabaja con los pobres en las calles de Roma, ofreciéndoles refugio, comida, tratamiento médico y formación religiosa, en resumen, permitiéndoles vivir la dignidad de hijos de Dios. Me presentaron a Fray Fúlvio, quien me pidió que orara por una señora que se sometería a una cirugía para extirpar varios tumores.


Al mismo tiempo, sentí que el Señor me hablaba: “¡Responde a esta petición! Sé una fuente de misericordia para mi hija enferma”. Le respondí a Fray Fulvio si podía llamarla por teléfono para que yo pudiera rezar por ella.


Amar al prójimo, especialmente a los más necesitados - pobres, abandonados, viudas, enfermos, excluidos... -esto es lo que nos pide la Palabra de Dios. Oré unos minutos y, de nuevo, el Señor habló: “Hija mía, hoy tu fe te ha salvado. Yo te curo, disipando todos tus tumores”.


Glorificamos a Dios, con la certeza de la gracia otorgada. Al día siguiente, ella fue al médico para que la operaran, pero él la abrió y la cerró de inmediato, ya que no había tumor. Todos los tumores habían desaparecido, tal como el Señor lo había prometido.


El hermano es sacramento de Dios, carne de Dios, habitación de Dios. Cuanto más cerca de los necesitados, más cerca de Dios, más cerca del Camino, más cerca de la Verdad, más cerca de la Vida.


Ironi Spuldaro

Es miembro de la CAE (Comisión de Acción Evangelizadora) de la diócesis de Guarapuava. Miembro del consejo diocesano, estatal y nacional del movimiento RCC (Renovación Carismática Católica) en el que ha participado desde 1987. Ironi ejerce el ministerio de predicación en todo Brasil y en otros países, es fundador de la Misión “Há Poder de Deus”, escritor y presentador del Programa “Há Poder de Deus”.

 
 
 

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