Complemento Oracional - Día #15
- rccrecreo

- 1 sept 2021
- 3 Min. de lectura
Salmo 30 – Agradecimiento por la Salud
Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste
y no quisiste que mis enemigos se rieran de mí.
Señor, Dios mío, clamé a ti y tú me sanaste.
Tú, Señor, me levantaste del Abismo
y me hiciste revivir,
cuando estaba entre los que bajan al sepulcro.
Canten al Señor, sus fieles;
den gracias a su santo Nombre,
porque su enojo dura un instante,
y su bondad, toda la vida:
si por la noche se derraman lágrimas,
por la mañana renace la alegría.
Yo pensaba muy confiado:
«Nada me hará vacilar».
Pero eras tú, Señor, con tu gracia,
el que me afirmaba sobre fuertes montañas,
y apenas ocultaste tu rostro,
quedé conturbado.
Entonces te invoqué, Señor,
e imploré tu bondad:
«¿Qué se ganará con mi muerte
o con que yo baje al sepulcro?
¿Acaso el polvo te alabará
o proclamará tu fidelidad?
Escucha, Señor, ten piedad de mí;
ven a ayudarme, Señor».
Tú convertiste mi lamento en júbilo,
me quitaste el luto y me vestiste de fiesta,
para que mi corazón te cante sin cesar.
¡Señor, Dios mío, te daré gracias eternamente!
Antífona
San Miguel Arcángel, te rogamos, oh gran ministro de Dios, en unión con todos los santos y santas, que defiendes a los cristianos en toda ocasión, y en particular al Santo Padre, aumentando su felicidad, así como las gracias que le son concedidas en esta vida y la gloria en la otra.
Amén.

La Palabra de Dios (1 Tes. 5, 5-9)
“todos ustedes son hijos de la luz, hijos del día. Nosotros no pertenecemos a la noche ni a las tinieblas. No nos durmamos, entonces, como hacen los otros: permanezcamos despiertos y seamos sobrios.
Los que duermen lo hacen de noche, y también los que se emborrachan.
Nosotros, por el contrario, seamos sobrios, ya que pertenecemos al día: revistámonos con la coraza de la fe y del amor, y cubrámonos con el caso de la esperanza de la salvación. Porque Dios no nos destinó para la ira, sino para adquirir la salvación por nuestro Señor Jesucristo”
Meditación
Si estuviésemos enteramente muertos a nosotros mismos e interiormente vacíos de nuestros intereses, deseos, gustos y anhelos, podríamos apreciar las cosas divinas, experimentando algo de las dulzuras de la contemplación celeste. Lo que, principalmente, nos lo impide y no nos da libertad ante las pasiones es la concupiscencia, y el no esforzarnos por entrar en el camino perfecto de los santos.
Cuando nos sobrevienen pequeñas contrariedades, quedamos abatidos y procuramos consuelos humanos. Si nos esforzásemos, como hombres fuertes, por permanecer firmes en el combate, ciertamente veríamos descender del cielo sobre nosotros el auxilio del Señor. Dios está siempre dispuesto a socorrer a los que combaten y esperan en su gracia, proporcionándoles ocasiones de lucha, para que puedan alcanzar la victoria.
Si hacemos consistir nuestro progreso espiritual solamente en prácticas exteriores, muy rápidamente acabará nuestro fervor. Pongamos, pues, lo manchado en la raíz de nuestras pasiones para que, libres de ellas, obtengamos la paz de espíritu.
Letanías de San Miguel Arcángel
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Dios Padre celestial, ten misericordia de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo,
Dios, Espíritu Santo,
Trinidad Santa, un solo Dios,
Santa María, Reina de los Ángeles, ruega por nosotros.
San Miguel, ruega por nosotros.
San Miguel, lleno de la gracia de Dios,
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Divino,
San Miguel, coronado de honor y gloria,
San Miguel, poderoso Príncipe de los ejércitos del Señor,
San Miguel, portaestandarte de la Santísima Trinidad,
San Miguel, guardián del paraíso,
San Miguel, guía y consolador del pueblo israelita,
San Miguel, esplendor y vigor de la Iglesia militante,
San Miguel, honor y alegría de Iglesia triunfante,
San Miguel, luz de los Ángeles,
San Miguel, baluarte de los ortodoxos,
San Miguel, fuerza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz,
San Miguel, luz y confianza de las almas en el último momento de la vida,
San Miguel, socorro certero,
San Miguel, nuestro auxilio en todas las adversidades,
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna,
San Miguel, consolador de las almas que están en el Purgatorio,
San Miguel, a quien el señor encomendó recibir las almas después de la muerte,
San Miguel, nuestro Príncipe,
San Miguel, nuestro Abogado,
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo. Perdónanos Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo. Escúchanos Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo. Ten misericordia de
nosotros.
Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo, para que seamos dignos de sus promesas.
ORACIÓN
Señor Jesús, santifícanos con una bendición siempre nueva,
y concédenos por la intersección de San Miguel,
aquella sabiduría que nos enseña a juntar las riquezas del cielo
y cambiar los bienes temporales por los de la eternidad.
Tú, que vives y reinas por todos los siglos de los siglos.
Amén



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