Complemento oracional - Día #17
- rccrecreo

- 3 sept 2021
- 3 Min. de lectura
Salmo 31 – En tus manos entrego mi espíritu
Yo me refugio en ti, Señor,
¡que nunca me vea defraudado!
Líbrame, por tu justicia
inclina tu oído hacia mí
y ven pronto a socorrerme.
Sé para mí una roca protectora,
un baluarte donde me encuentre a salvo,
porque tú eres mi Roca y mi baluarte:
por tu Nombre, guíame y condúceme.
Sácame de la red que me han tendido,
porque tú eres mi refugio.
Yo pongo mi vida en tus manos:
tú me rescatarás, Señor, Dios fiel.
Yo detesto a los que veneran ídolos vanos
y confío en el Señor.
¡Tu amor será mi gozo y mi alegría!
Cuando tú viste mi aflicción
y supiste que mi vida peligraba,
no me entregaste al poder del enemigo,
me pusiste en un lugar espacioso.
Ten piedad de mí, Señor,
porque estoy angustiado:
mis ojos, mi garganta y mis entrañas
están extenuados de dolor.
Antífona
Te rogamos, San Miguel Arcángel, que nos libres de las manos de los enemigos, conocidos y desconocidos, de los falsos testimonios, de las discordias. Libra mi patria y, particularmente, nuestra ciudad del hambre, de las epidemias, de la guerra, de los tumultos. Ven siempre en nuestro auxilio.
Amén.

La Palabra de Dios (Isaías 41, 10-11)
“No temas, porque yo estoy contigo, no te inquietes, porque yo soy tu Dios; yo te fortalezco y te ayudo, yo te sostengo con mi mano victoriosa.
Sí, quedarán avergonzados y confundidos los que se enfurecen contra ti; serán como nada y desaparecerán aquellos que te desafían”
Meditación
Si cada año extirpásemos un sólo vicio, en breve seríamos perfectos. Por el contrario, muchas veces reconocemos que éramos mejores, más puros en el comienzo de nuestra conversión que después de muchos años de vida religiosa. Diariamente debería aumentar nuestro aprovechamiento y fervor; pero lo cierto es que parece una gran cosa que alguien conserve parte del primitivo amor.
Si en el principio hubiésemos hecho algún pequeño esfuerzo, tiempo después conseguiríamos todo con facilidad y alegría. Cuesta dejar los hábitos; y por cierto es mucho más difícil contrariar la propia voluntad. Pero, si no vences pequeños y simples obstáculos, ¿cómo triunfarás en los mayores?
Resiste en el principio a tu inclinación, rompe con tus malos hábitos para que, poco a poco, no te metan en mayores dificultades. Si ponderásemos bien, si tuviésemos discernimiento de cuánta paz gozaríamos y cuánto placer daríamos a los otros llevando una vida regulada; muy seguramente seríamos más solicito de nuestro crecimiento espiritual.
Letanías de San Miguel Arcángel
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Dios Padre celestial, ten misericordia de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo,
Dios, Espíritu Santo,
Trinidad Santa, un solo Dios,
Santa María, Reina de los Ángeles, ruega por nosotros.
San Miguel, ruega por nosotros.
San Miguel, lleno de la gracia de Dios,
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Divino,
San Miguel, coronado de honor y gloria,
San Miguel, poderoso Príncipe de los ejércitos del Señor,
San Miguel, portaestandarte de la Santísima Trinidad,
San Miguel, guardián del paraíso,
San Miguel, guía y consolador del pueblo israelita,
San Miguel, esplendor y vigor de la Iglesia militante,
San Miguel, honor y alegría de Iglesia triunfante,
San Miguel, luz de los Ángeles,
San Miguel, baluarte de los ortodoxos,
San Miguel, fuerza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz,
San Miguel, luz y confianza de las almas en el último momento de la vida,
San Miguel, socorro certero,
San Miguel, nuestro auxilio en todas las adversidades,
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna,
San Miguel, consolador de las almas que están en el Purgatorio,
San Miguel, a quien el señor encomendó recibir las almas después de la muerte,
San Miguel, nuestro Príncipe,
San Miguel, nuestro Abogado,
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo. Perdónanos Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo. Escúchanos Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo. Ten misericordia de
nosotros.
Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo, para que seamos dignos de sus promesas.
ORACIÓN
Señor Jesús, santifícanos con una bendición siempre nueva,
y concédenos por la intersección de San Miguel,
aquella sabiduría que nos enseña a juntar las riquezas del cielo
y cambiar los bienes temporales por los de la eternidad.
Tú, que vives y reinas por todos los siglos de los siglos.
Amén



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