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Complemento Oracional - Día # 3

Salmo 5 – Dios es Refugio de los buenos


Señor, escucha mis palabras,

atiende a mis gemidos;

oye mi clamor, mi Rey y mi Dios,

porque te estoy suplicando.


Señor, de madrugada ya escuchas mi voz:

por la mañana te expongo mi causa

y espero tu respuesta.


Tú no eres un Dios que ama la maldad;

ningún impío será tu huésped,

ni los orgullosos podrán resistir

delante de tu mirada.


Tú detestas a los que hacen el mal

y destruyes a los mentirosos.

¡Al hombre sanguinario y traicionero

lo abomina el Señor!


Pero yo, por tu inmensa bondad,

llego hasta tu Casa,

y me postro ante tu santo Templo

con profundo temor.


Guíame, Señor, por tu justicia,

porque tengo muchos enemigos:

ábreme un camino llano.


En su boca no hay sinceridad,

su corazón es perverso;

su garganta es un sepulcro abierto,

aunque adulan con la lengua.


Castígalos, Señor, como culpables,

que fracasen sus intrigas;

expúlsalos por sus muchos crímenes,

porque se han rebelado contra ti.


Así se alegrarán los que en ti se refugian

y siempre cantarán jubilosos;

tú proteges a los que aman tu Nombre,

y ellos se llenarán de gozo.


Porque tú, Señor, bendices al justo,

como un escudo lo cubre tu favor.

Antífona


San Miguel Arcángel, presenta nuestras oraciones y súplicas al Altísimo, para que las descienda rápidamente sobre nosotros la misericordia del Señor. Que nunca dejemos de caminar en la senda del Señor nuestro Dios.

Aparta de nosotros todo peligro, oh príncipe de la milicia celestial, en especial protege a cuantos en el campo de la salud están librando grandes batallas en esta pandemia

Amén.


Palabra de Dios (Génesis, 1, 6-8 )


Dios dijo: «Que haya un firmamento en medio de las aguas, para que establezca una separación entre ellas». Y así sucedió.

Dios hizo el firmamento, y este separó las aguas que están debajo de él, de las que están encima de él; y Dios llamó Cielo al firmamento. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el segundo día.


Meditación


Todo hombre, naturalmente, quiere saber; Pero, ¿de qué sirve la ciencia sin el temor de Dios? Mejor, sin duda, es el humilde campesino que sirve a Dios que el filósofo que, orgulloso de sí mismo, considera el rumbo de las estrellas.

Aquellos que se conocen bien se desprecian a sí mismos y no se complacen en la alabanza humana. Si yo supiera todo lo que hay en el mundo, pero no tuviese caridad, ¿de qué me serviría ante Dios que me juzgará por mis obras?

Procura abstenerte del deseo desordenado de saber, por las muchas distracciones e ilusiones que lo acompañan.

Los eruditos estiman ser tenidos como sabios y que así los consideren.

Hay muchas cosas cuyo conocimiento es de poca o ninguna utilidad para el alma, y ​​es muy insensato el que aplica a otras cosas, indiferente a su propia salvación. La abundancia de palabras no satisface el alma; la buena vida te refresca y una conciencia pura inspira gran confianza en Dios.

Cuanto más y mejor sepas, más rigurosamente serás juzgado, a menos que hayas vivido en santidad. Entonces, no te enorgullezcas de ningún arte o ciencia; más bien, teme por las luces que has adquirido. Si te parece que sabes muchas cosas y las entiendes perfectamente, considera que mucho más es lo que desconoces.

 
 
 

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