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Complemento Oracional - Día #5

Salmo 9 – El pobre no será olvidado


Te doy gracias, Señor, de todo corazón

y proclamaré todas tus maravillas

Quiero alegrarme y regocijarme en ti,

y cantar himnos a tu Nombre, Altísimo.


Cuando retrocedían mis enemigos,

tropezaron y perecieron delante de ti,

porque tú defendiste mi derecho y mi causa,

sentándote en el trono como justo Juez.


Escarmentaste a las naciones,

destruiste a los impíos y borraste sus nombres para siempre;

desapareció el enemigo: es una ruina irreparable;

arrasaste las ciudades, y se perdió hasta su recuerdo

Pero el Señor reina eternamente

y establece su trono para el juicio:

él gobierna al mundo con justicia

y juzga con rectitud a las naciones.


El Señor es un baluarte para el oprimido,

un baluarte en los momentos de peligro.


¡Confíen en ti los que veneran tu Nombre,

porque tú no abandonas a los que te buscan!

Canten al Señor, que reina en Sión,

proclamen entre los pueblos sus proezas.


Porque él pide cuenta de la sangre,

se acuerda de los pobres y no olvida su clamor.


El Señor se apiadó de mí, contempló mi aflicción;

me tomó y me alzó de las puertas de la Muerte,

para que pudiera proclamar sus alabanzas

y alegrarme por su victoria en las puertas de Sión.


Los pueblos se han hundido en la fosa que abrieron,

su pie quedó atrapado en la red que ocultaron.


El Señor se dio a conocer, hizo justicia,

y el impío se enredó en sus propias obras.


Vuelvan al Abismo los malvados,

todos los pueblos que se olvidan de Dios.


Porque el pobre no será olvidado para siempre

ni se malogra eternamente la esperanza del humilde.


¡Levántate, Señor!

que los hombres no se envanezcan,

y las naciones sean juzgadas en tu presencia.

Infúndeles pánico, Señor,

para que aprendan que no son más que hombres.


Antífona


San Miguel Arcángel, te veneramos como protector contra los poderes del mal; a ti Dios te ha confiado las almas de las personas que deben formarse en la santidad. Pídele al Dios de la paz que ponga al enemigo bajo tus pies, tan derrotado que ya no pueda tentar a la gente ni dañar a la Iglesia.

Amén.

Palabra de Dios (Génesis, 9, 9-10.13)


Dios dijo: «Que se reúnan en un solo lugar las aguas que están bajo el cielo, y que aparezca el suelo firme». Y así sucedió. Dios llamó Tierra al suelo firme y Mar al conjunto de las aguas. Y Dios vio que esto era bueno. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el tercer día.


Meditación


Aquel a quien habla el Verbo eterno de muchas opiniones se desenreda. De ese único Verbo proceden todas las cosas y todos le proclaman uno; es Él también el Principio que nos habla (cfr Jn 8, 25).

Sin él, nadie puede comprender ni juzgar rectamente. Aquel que todo lo atribuye a Dios, y a él todo refiere y ve todo en él, puede tener un corazón sosegado y permanecer tranquilo en Dios.


Dios de verdad, hazme uno contigo en perpetua caridad. Cáusame tedio, no pocas veces, al leer y escuchar muchas cosas; en ti está todo lo que quiero y deseo.

Callen todos los médicos, dejen que las criaturas del mundo entero enmudezcan en su presencia; solo háblame.

Cuanto mayor sea el reconocimiento y la sencillez del corazón, tanto más elevadas cosas superiores penetraremos sin esfuerzo, por la luz de la inteligencia, que se recibe de arriba. El espíritu puro, simple y constante no se disipa en la multiplicidad de obras; hace todo para la gloria de Dios, sin preocuparse de ninguna manera por perseguir sus propios intereses. ¿Qué más puede perturbarte y avergonzarte que los afectos desordenados de tu corazón?

 
 
 

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