Derribando mitos: "La Iglesia nunca ha cerrado sus puertas"
- rccrecreo

- 7 abr 2021
- 3 Min. de lectura
"La Iglesia nunca ha cerrado sus puertas".
Es una gran mentira. Sí lo hizo.

El Papa Alejandro VII pontífice entre 1655 y 1667 durante la plaga de 1656, decretó un "cierre" para toda la ciudad de Roma.
Enfrentó la plaga que asoló Roma en 1656 y conocer, mirar y considerar la historia puede ayudarnos a reflexionar sobre algunas medidas, gestos y acciones de la Iglesia actual, utilizando la situación con murmuraciones, noticias falsas, en definitiva mentiras para dividir.
La peste de 1656 primero golpeó Nápoles y luego llegó a Roma, siendo la primera víctima un pescador en Trastevere. Una familia con la que tuvo contacto también fue infectada.
Conociendo la situación, el Papa pidió que se aísle el barrio donde ocurrieron las muertes para evitar que la enfermedad se propague por la Ciudad Eterna.
El Papa promulgó medidas de aislamiento y cuarentena para contener la propagación de la plaga (Es importante recordar que en dicho período el Papa tenía autoridad espiritual y política). Algunos aconsejaron al Papa que no revelara la gravedad de la situación para no causar disturbios en la población. El temor era que el comercio y la colecta se vieran en peligro. El Papa no estuvo de acuerdo con esa opinión.
Allí apareció Cardel Barbarigo (San Gregório Barbarigo), hombre de confianza del Papa. Se le encomendó la misión y la coordinación de la labor de asistencia a los enfermos. Sobre el aislamiento, él sostenía que las medidas podrían causar "más muertes que la peste, de hambre y miedo".
Además de las medidas de aislamiento acontecieron también:
· Instalación de varios lazaretos;
· Prohibición de procesiones públicas y celebraciones;
· Prohibición del comercio con la región de Nápoles (epicentro del contagio)
· se suspendió el trabajo de las congregaciones y tribunales;
También se prohibió el comercio de Roma con otras ciudades del Estado Pontificio para evitar el contagio.
La “Congregación de la Salud”, del Estado Pontificio se reunía todos los días para evaluar y discutir las medidas, se encargó de las acciones de protección y contención de la enfermedad. El organismo brindó asistencia a los infectados en un lugar separado, destinado solo para ese propósito. También impuso la cuarentena a familiares y amigos de las personas infectadas.
Con la autorización del Papa, se suspendió la adoración eucarística comunitaria. La iglesia de Santa María del Pórtico, que recibía muchas visitas debido al icono de la Virgen del Pórtico, tenía no sólo sus puertas sino incluso las calles cerradas.

Sin misas, se incentivó a los católicos a practicar formas privadas de devoción. En poco tiempo, el pontífice logró detener el contagio. En la ciudad de Nápoles, que optó por no adoptar medidas restrictivas, murieron 150.000 personas. Mientras que en Roma, menos de 15 mil.
Existieron murmullos de la gente contra las decisiones y un médico difundió que el Papa estaba interesado en esa situación. (Cualquier parecido con la realidad.) pero, aún así, una buena parte de la población acogió con satisfacción las medidas adoptadas.
Después de un año y medio finalmente, la situación se normalizó, Alessandro VII proclamó el fin de la plaga. Y celebró el éxito del grupo de trabajo solicitándole al artista Lorenzo Bernini que construyera las columnatas de la Plaza de San Pedro, la escalera del Palacio Apostólico y el altar de la cátedra de la Basílica de San Pedro.

Sobre escritos y artículos de Mirticelli Medeiros, doctora en Historia de la Iglesia y Raylson Araujo Bachiller en Teología



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