EL LADRÓN DE LA GRATITUD
- rccrecreo

- 17 sept 2022
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Hemos comenzado a caminar en nuestra cuaresma de San Miguel un tiempo de sanación interior permitiendo al Señor sea Él quien trabaje nuestro interior y quite los bloqueos profundos y, dejando las heridas al descubierto, sea Él mismo, el Médico Sagrado, quien comience a tocar y curar cada una de esas heridas trayendo una sanación integral.
Los guerreros espirituales son aquellos hombres y mujeres que osadamente se resuelven a dejar totalmente expuestas ante el Señor todas las heridas de batallas pasadas o presentes para que sean curadas aún aquellas que no podemos identificar.

Una de las mayores tentaciones que enfrentamos habitualmente es la de pensar que nuestras heridas son las mayores, que somos los únicos que estamos transitando y soportando dolores intensos; Dolores que no se ven pero que están.
Muchas veces pensamos que la vida de los otros es una vida paradisíaca donde todo reluce, brilla y no hay problemas. Que la vida de los otros es pura sonrisa y bienestar; Que los corazones están realizados; Que todos los sueños se les han cumplido; En un mundo de apariencias, donde todo se maquilla, podemos pensar que las luchas y disputas matrimoniales no acontecen, que las relaciones con los hijos son perfectas y no es así; Nos colocamos en una relación de “comparación” sin comprender que no hay una “escala” adecuada para medir lo que en realidad esta sucediendo en lo más hondo del ser, valorizando mucho más lo que nos falta que aquello que ya tenemos, que hemos conseguido.
En la vida es más lo que está llamado a ser agradecido y valorizado que aquello que aún no se ha conseguido. Quitar los bloqueos producidos por el sentimiento de inferioridad abre los ojos, hace caer las escamas que imposibilitan ver lo bueno, noble y bello que ya está presente y actuante. Uno de los mayores dramas de este sentimiento es robarnos, quitarnos la capacidad para la gratitud. El sentimiento de inferioridad es una especie de trastorno que desenfoca todo lo que ve, lo trastorna a tal punto que agranda lo pequeño y empequeñece lo grande.
Todos atesoramos dones y capacidades y tenemos defectos. Esto debe estar siempre en nuestro horizonte.

A veces no conseguimos tener una perspectiva adecuada para poder tomar consciencia de nuestra propia realidad. El ejercicio de ministerios de sanación posibilita escuchar historias de las más diversas y variadas. Es un ministerio donde la “escucha” está en la base porque es a través de ella que comienza todo un proceso. Muchas veces llegan personas que se sienten atormentadas, con dificultades que son claramente serias, a veces difíciles de soportar, porque son momentos que quiebran y doblegan no solo el cuerpo sino el mismo espíritu y, es tan fuerte la experiencia que no logran percibir como el dolor anula la capacidad de ver lo bueno que en ellos reside.
Cierta vez comenzamos a ver a un joven presente en cada uno de nuestros ministerios. Llamó nuestra atención porque llegaba y se ubicaba de manera casi “escondida” participaba como un espectador en la parte más alejada, menos visible; Solo escuchaba sin relacionarse, sin entablar contacto alguno con el resto. Se percibía gran atención a todo lo que se expresaba. En los momentos de oración se le veía compenetrado. La impresión era que todo calaba su interior, pero inexpresivo en sus formas. Escucharle era complejo, parco en sus expresiones y casi mudo si se encontraba de pronto en medio de un grupo de personas y ese grupo se ampliaba en número.
Era evidente al entrar en contacto con él como su mismo cuerpo se “retraía”, hasta parecía volverse mas pequeño en la medida que mas gente se sumaba a una ronda de diálogo.
Fue en la charla acontecida a lo largo de mucho tiempo que empezó a manifestarse aquello que su cuerpo expresaba. Se sentía nada.
Nunca había entablado una relación de cercanía con una chica; nunca se había animado a expresarle a alguna compañera de colegio su interés. Su contextura pequeña le hacía percibirse extraño en un ambiente escolar donde la cultura del físico formado, del músculo marcado manifiesta al más masculino entre los masculinos. El se sentía sin valor, ¿quién podría relacionarse con una persona así desvalorizada? La timidez le hizo crecer sumido en su propio mundo y al comenzar a escuchar la proclamación de un Dios que es amor, que ama a todos sin medida un proceso interior comenzó a ser recorrido.
Fueron largos meses de escucha, solo de escucha, los que permitieron develar lo que el sentimiento de inferioridad hace en una persona: estragos.
Pudimos ver que era un joven en el que nunca había faltado lo necesario para el sustento diario. En la mesa familiar nunca falto la comida. De familia trabajadora, de clase media, siempre se le veía como cualquier otro joven.
De gran capacidad para enfrentar el proceso escolar las pocas veces que tuvo algún retroceso fue solo por cierto relajamiento.
No se percibían signos de ausencia paterna o materna. Pero había algo que no encastraba totalmente.
Es tan grande la necesidad que tiene nuestro corazón, creado por un Dios de Amor infinito, que nosotros, hechos a su imagen y semejanza, tenemos ansias de ese amor que nos creó.
Nunca podremos completar con amor humano lo que en nosotros hay de infinito. Normalmente el amor que recibimos siempre tendrá algún guiño de carencia porque no somos amados normalmente del modo en que “necesitamos ser amados” o “esperamos ser amados”. Somos amados, recibimos amor, del modo en que nuestros padres aprendieron a amar, a dar amor, a expresar el amor.
El acercamiento a una comunidad donde la sonrisa es la primer acogida que se recibe, donde abundan los abrazos, donde el continuo recuerdo de un Dios presente que nos ama sin medida fueron los primeros motores que impulsaron su proceso de cura. Lo segundo fue encontrar el lugar correcto donde expresar todos esos sentimientos que aprisionan el corazón, todas esas inseguridades que anidan desde tiempo, todas las ideas que embarullan la cabeza.
Y finalmente, tal vez lo principal, fue para él descubrir la Palabra de Dios.
El entrar en contacto con la misma palabra de Dios. Leer el Nuevo Testamento y descubrir en cada palabra el valor que él tenía para el Señor. Descubrir que Dios escogió aquello que el mundo tiene como basura, como desecho, fue el certificado de defunción de aquellos sentimientos que él cargaba dentro de sí.
La Palabra le mostró que aquello que los hombres consideran importante es nada para Dios; que aquello que es valioso para los hombres es abominable para los ojos de Dios.
La Palabra de Dios contiene las palabras de sanacion más poderosas que existen sobre la tierra.
Porque tú eres de gran precio a mis ojos, porque eres valioso, y yo te amo, entrego hombres a cambio de ti y pueblos a cambio de tu vida. Isaías 43.4
Esta realidad la comprendemos mejor cuando comprendemos la esencia del Amor, la esencia misma de Dios. Expresaba el Papa Benedicto XVI:
El amor de Dios por nosotros es una cuestión fundamental para la vida y plantea preguntas decisivas sobre quién es Dios y quiénes somos nosotros. A este respecto, nos encontramos de entrada ante un problema de lenguaje. El término « amor » se ha convertido hoy en una de las palabras más utilizadas y también de las que más se abusa, a la cual damos acepciones totalmente diferentes. (Carta Encíclica Deus Caritas est 2)
Existen tres tipos de amor.
“Ágape” que representa el amor desinteresado; Es un amor gratuito; Es un amor purísimo: aquel que ama aunque el otro te odie. Es el amor más excelso.
“el amor es ocuparse del otro y preocuparse por el otro. Ya no se busca a sí mismo, sumirse en la embriaguez de la felicidad, sino que ansía más bien el bien del amado: se convierte en renuncia, está dispuesto al sacrificio, más aún, lo busca. (Carta Encíclica “Deus Caritas est” 6)
“Philia” es el amor de simpatía. Es el amor de amistad, de afinidad. “El amor de amistad (philia), a su vez, es aceptado y profundizado en el Evangelio de Juan para expresar la relación entre Jesús y sus discípulos.” (Carta Encíclica “Deus Caritas est” 3)
“Eros” es el amor afectivo, el que trae placer. Es aquel que me hace amar porque me trae algo a cambio, me trae satisfacción. Es colocado como el mas bajo. Pero el Santo Papa Benedicto XVI en su encíclica Deus Caritas Est nos trajo otra visión mucho más profunda de este amor. Una perspectiva nueva.
“Resulta así evidente que el eros necesita disciplina y purificación para dar al hombre, no el placer de un instante, sino un modo de hacerle pregustar en cierta manera lo más alto de su existencia, esa felicidad a la que tiende todo nuestro ser. (Carta Encíclica “Deus Caritas est” 3)
Nos muestra que Dios no solo nos ama con un amor “ágape”, sino también con ese amor llamado “eros” porque Dios tiene “satisfacción” por cada uno de nosotros, Dios nos purificó y ama estar junto a cada uno de nosotros. Dios no precisa de nosotros para ser feliz, pero la Encarnación modificó la mismísima relación con Él; en cierto modo se hizo carente de amor, necesitó en su pequeñez ser acogido. Comprender esto es sanador para nosotros porque nos muestra, pone el descubierto, cuán importante soy para Dios. Yo puedo consolar el corazón de Jesús. Yo puedo alegrar el corazón de Jesús porque yo soy importante en el plan de la Historia de la Salvación. Yo estoy llamado, porque Él mismo me llamó, a ser luz para los otros; puedo llevar vida donde hay muerte.
Y aún hay un escalón más para ayudarnos a encontrar valor en nosotros mismos. Es la Santa Eucaristía. Si la Palabra nos hace derramar ríos de lágrimas, la Santa Misa nos hace comprender en el Sacrificio del Cordero, que nuestro dolor es asumido, sufrido, por Jesús y es ofrecido en el Altar, actualizado de manera tal que cada vez que es celebrada la Santa Misa yo soy restaurado, curado, sanado, amado, redimido. No hay espacio alguno para sentirme un ser insignificante, sin valor porque todo eso ocurre por mi.
La Misa completa la sanación porque ayuda a comprender cuán amados somos.
Podemos procurar amores pasajeros pero la Eucaristía nos revela que el Corazón de Jesús procura nuestro afecto, que Él es careciente de nuestro amor. Esa comprensión solo se recibe cuando nos adentramos en el misterio de la Pasión de Cristo.
Es difícil explicar, poder expresar el modo en que Dios puede llenar completamente todas nuestras carencias pero eso ocurre aún cuando no pueda ser explicado. Solo podemos intuirlo porque su Amor llegó al extremo de entregarse por completo en un derramamiento total de Su Sangre Preciosa que es el precio que ha pagado como rescate nuestro.
Ese es el Amor que quiere y viene a curarnos a cada uno de nosotros.
Es el Amor que no permite la coexistencia en un mismo espacio del sentimiento de inferioridad, de rechazo y de culpa con el don del amor y la gratitud.
“No te dirán más «¡Abandonada!», sino que te llamarán «Mi deleite», y a tu tierra «Desposada». Porque el Señor pone en ti su deleite y tu tierra tendrá un esposo.
Como un joven se casa con una virgen, así te desposará el que te reconstruye; y como la esposa es la alegría de su esposo, así serás tú la alegría de tu Dios.
Isaías 62
Padre del Cielo,
Te entregamos todo sentimiento de inferioridad presente en nuestras vidas.
Cuántas veces nos comparamos, nos desvalorizamos sin percibir cuánto de bueno, de noble y de bello hay en nosotros y todo por Tu infinito Amor.
Señor no he aprendido aún a agradecer cuánto me has dado, Cuanto he recibido y recibo.
Aún suelo permanecer rumiando, pensando que los otros, sólo los otros, tienen una vida perfecta que yo no tengo,
Que los otros son felices y yo solo un pobre infeliz sin valor alguno.
Reconozco en este momento cuánta mentira existe en mi mente, Señor.
¡Cuánto engaño graba el enemigo!
Te suplico que Tu Palabra vaya limpiando cada vez más mi ser herido. Te pido un amor grande por Tu Palabra, un deseo creciente de Amar Tu Palabra.
Te pido la gracia de Tu Espíritu Santo para penetrar los misterios de Tu Palabra porque mi mente necesita ser purificada de pensamientos que me sumergen en pozos de oscuridad, de depresión e inferioridad.
Libérame de todas los libros, músicas y personas que me aplastan. Señor, te pido, libérame por los méritos de tus Preciosas Llagas de los sentimientos mentirosos,
dame una experiencia profunda con Tu Amor, con Tu Palabra, con el Santo Sacrificio del Altar.
Una experiencia íntima con Tu Misterio de Pasión, Muerte y Resurrección porque en Él veo la mayor prueba de amor por mi, que soy Tu amigo.
Así me quisiste llamar, así quiero sentirme: Tu amigo. Quiero tener experiencia de intimidad Contigo para ser curado, Restaurado y ser Luz en este mundo de tinieblas. Amén.



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