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El milagro de volver a empezar: Siete pasos para sanar nuestro hogar


Cuando una herida se hace presente en nuestros hogares, cuando alcanza nuestras relaciones, cuando pasan días, meses y años y los hechos que lo provocaron mantienen abierta la llaga no necesitamos escuchar diagnósticos, sino encontrar el bálsamo, el camino de restauración.


En este momento de oración de batalla no son oportunas fórmulas frías, sino con la cercanía de quienes caminan a nuestro lado, bajo la mirada de San Miguel Arcángel, saber qué pasos son necesarios para cicatrizar desde la misericordia y el amor.

En nuestros corazones arde el deseo de que la paz de Cristo inunde cada rincón de nuestros hogares y es ese el motivo por el que elevamos un clamor por la unidad familiar y por aquellos lugares donde el grito de la violencia intenta apagar la alegría.


Sabemos que la familia es el blanco preferido del enemigo, que busca dividir lo que Dios ha unido, pero recordamos que nuestra verdadera lucha no es contra las personas que amamos, sino contra los espíritus malignos que intentan destruir nuestras casas y vínculos familiares. Para vencer, el Padre Adriano Zandoná propone una estrategia de siete pasos que deseamos meditar contigo.

 

El primer paso es restaurar el amor, comprendiendo que este no es un sentimiento pasajero, sino una casa que se construye ladrillo a ladrillo. Amar es una decisión, la de hacerlo aún incluso cuando no sentimos ganas, pues como decía Santa Teresita del Niño Jesús, "¡todo es gracia!", y el amor decidido tiene el poder de renovar nuestra capacidad de entrega. Esto nos lleva al segundo paso: actuar con sabiduría. La sabiduría es la ciencia de la paz. La sabiduría que proviene del Espíritu Santo nos enseña a callar para no herir y a perder pequeñas batallas cotidianas para no perder la paz de nuestro hogar. El santo padre Francisco, alguna vez lo expresó de este modo: "el amor convive con la imperfección".

 

En tercer y cuarto lugar, necesitamos la reconciliación y la oración. No hay familia perfecta, por eso el perdón es la "pomada" que sana las llagas abiertas por las ofensas. Si en nuestros hogares hay violencia enquistada como un hongo que esparce sus esporas, es tiempo de clamar con insistencia y fe viva: la oración es capaz de llegar donde nuestras palabras y gestos no alcanzan y tiene el poder de tocar los corazones más endurecidos. San Juan Pablo II nos recordaba que la familia tiene la misión de ser una comunidad de amor que nunca desiste ante el mal.

 

Deseamos también activar en nosotros el diálogo y la creatividad. El diálogo es un puente sólido para unir orillas distantes y barrer con los muros del egoísmo y el silencio gélido. Necesitamos escucharnos dejando de lado las distracciones digitales para dar a los nuestros el regalo de nuestra atención. Y si nuestro empeño está en romper la rutina del dolor, la creatividad nos impulsará a generar momentos nuevos de alegría, porque una casa que ríe unida ahuyenta las tinieblas.

 

Y finalmente, caminamos hacia el séptimo paso: confiar en la Providencia y administrar con inteligencia. Dios es y debe ser más que nunca el único Señor de nuestros bienes y preocupaciones, Él cuida de nosotros y Su última palabra sobre los nuestros es una palabra de esperanza.

En esta batalla contra la división, estamos llamados a unirnos al grito de victoria: "¡Quién como Dios!". Que San Miguel Arcángel defienda nuestras familias, corte con su espada toda cadena de agresividad y nos ayude a ser piedras vivas que edifican el Reino del Amor en la tierra. San Agustín decía: "Vive bien para morir bien", y vivir bien comienza hoy, en nuestro presente, en nuestra realidad, restaurando nuestros hogares en el nombre del Señor.

 
 
 

1 comentario


San Miguel Arcángel defiéndenos en la batalla.

Quién como Dios!!! Amén

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