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¿Estaré "espiritualmente contaminado"?


Discernimiento y Contaminación Espiritual


“Disciernan todo”

Ese corto y aparentemente simple mandato de Pablo encierra una de las cuestiones que más dificultades experimentamos los hombres y mujeres de fe. Discernir es ante todo don de Dios, pero también es edificación, tarea del hombre.

El discernimiento es mucho más que una acción llana, fácil y espontánea. Es un verdadero arte en el que se entrelazan el don de la gracia con la capacidad del hombre fortalecida e iluminada por la Sabiduría que formó adecuadamente la consciencia.


El discernimiento es aquello por lo que Pablo aboga por una simple razón, nos revela lo que necesita ser transformado de manera tal que podamos orientarnos hacia aquello que es bueno y agradable a Dios. Es decir, el discernimiento como fin último busca orientarnos a descubrir la voluntad de Dios en nuestras vidas.


Marcio Mendes sostiene, y así lo creo, que leyendo los Hechos de los Apóstoles y las diversas cartas apostólicas, que el discernimiento de espíritus, permeaba, atravesaba la vida de la primitiva iglesia. Cuando queremos comprender qué significa ser movidos por el Espíritu Santo solo debemos abrir estos sagrados libros. Ellos nos muestran que la conducción que el Espíritu ejercía e imposibilitaba cualquier contaminación espiritual, volvía la oración de los fieles una verdadera fuente de gracias y de descubrimientos. Ellos pasaban a conocer las profundidades del alma, la voluntad de Dios en sus vidas, porque cuando existe discernimiento no hay espacio para la corrupción que pueda querer ejercer cualquier forma de contaminación.


Ya hemos manifestado que no podemos confundir lo que llamamos “contaminación espiritual” con “contaminación demoníaca”. En esto nos ayuda, y mucho, el discernimiento y sobre todo el discernimiento recibido como don de Dios, porque nos permite descubrir sin lugar a la menor duda, aquello que viene de Dios, aquello que viene de la naturaleza herida y aquello que viene del demonio, no solo en nosotros, sino también en personas, lugares o cosas.

Discernir nos posibilita, no revela aquello que es bueno para nosotros, desde la perspectiva divina, es en realidad un “encuentro con la verdad”.


Discernir nos pone frente a realidades tales como “lucha espiritual”, “combate en la oración”, “libertad interior”, “quebrantamiento de las tinieblas del corazón y de la mente”.

Ante semejante panorama podemos comprender aquello que San Atanasio sostiene, que quien quiera comprender mejor la vida, las realidades espirituales y conocer los dones que Dios concede necesita, primero, experimentar el poder de la iluminación del Espíritu Santo.

Claramente el pecado apaga esa luz, el pecado oculta la verdad, enceguece o al menos vuelve borrosa la visión espiritual. Disminuyen las capacidades para “distinguir” sin separar, y ¿qué remedio puede hallarse cuando nos arriesgamos a confundir veneno por remedio?


Para discernir si en nosotros o en otros existe algún tipo de “contaminación” es preciso tener visión espiritual y ésta solo se hace presente cuando se está lleno del Espíritu de Dios; Así lo dejaba entrever San Hilario porque muchas veces, y en particular dentro de los cenáculos o grupos de oración, el discernimiento ha sido reducido al “sentir”. En la medida en que nos adentramos en esta realidad aparecen nuevos componentes necesarios: prudencia, silencio y paciencia.


¿Quieres saber si hay alguna especie de contaminación presente en vos?

¡Confronta tu vida con La Palabra!

Ella es Viva y eficaz, es una espada de doble filo que todo lo penetra, lo discierne.

Toda inspiración, toda palabra, todo pensamiento, toda obra, todo gesto debe ser necesariamente confrontado con la Sagrada Escritura a fin de que sea probada y aprobada.

En este sentido el padre Fortea con insistencia nos recuerda la Palabra que San Mateo nos expone en el capítulo 15: “Escuchen y entiendan. Un hombre no queda manchado por lo que entra a través de su boca, sino por lo que sale de él”, es decir primaria y básicamente, para nosotros cristianos, lo que importa es lo que sale “de adentro”.

No es tan sencillo discernir.


Claramente existen realidades, “cosas de afuera” que abren puertas a una acción del mal sobre nuestras vidas, puertas abiertas que dan lugar, que fomentan, que siembran corrupción en lo que tenemos de original, puertas abiertas que podrían corromper la acción y la amistad de Dios y con Dios, y de ser así, si hemos abierto brechas, puertas o portones, sin dudas podremos hablar de “contaminación espiritual”.


Cualquier sendero alejado de los caminos de Jesucristo, alejado de nuestro Dios que es un Dios celoso, que no admite falsas idolatrías serán espacios que hieran, empañen y terminen contaminando – corrompiendo-, el vínculo con la Gracia, que es Dios mismo presente, Vivo en nuestros corazones donde el Espíritu puso su morada.


Miguel Angel Yunges

Comunidad Piedras Vivas


 
 
 

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