HOSPITAL DE CAMPAÑA
- rccrecreo

- 26 mar 2021
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El viernes 19 de septiembre de 2014 el santo Padre Francisco expresaba “Veo a la Iglesia como un hospital de campaña tras una batalla”, y aquello, lejos de ser una metáfora en la boca de un profeta, ha alcanzado en este último año un real cumplimiento.
En dicho discurso expresaba: “¡Cuánta pobreza y soledad lamentablemente vemos en el mundo de hoy! ¡Cuántas personas viven en gran sufrimiento y piden a la Iglesia ser signo de la cercanía, de la bondad, de la solidaridad y de la misericordia del Señor!”.
Innumerables gestos y acciones concretas las hemos visto, las venimos viendo en la vida consagrada, en tantos religiosos, religiosas y sacerdotes que, pasando por encima de sus miedos, han captado lo esencial del compromiso evangélico.
El laicado, especialmente aquellos que trabajan en el campo de la salud, no ha permanecido ajeno, muy por el contrario, cargó sobre sus hombros a los más débiles, sus dolores y las angustias de enfermos y familiares.
Es preciso decir asimismo que hace 6 años el santo padre en sus palabras alertaba sobre un aspecto que hoy también debe ser meditado: “no escuchemos, por favor, el canto de las sirenas, que llaman a hacer de la pastoral una serie convulsiva de iniciativas”; Los medios, las redes digitales nos han ofrecido la posibilidad de entrar y ser compañía de muchas mujeres y hombres que, imposibilitados, casi inmovilizados por la situación, anhelaban atención y cercanía, pero siempre sabiendo y atentos, pues una pastoral que se estanque y se quede bajo formas virtuales jamás podrá llegar al corazón de la persona; se detendrá en las áreas más superficiales, no dejará que la palabra eche sus raíces, brote, crezca y dé fruto.
Un herido pide cercanía, nos pide lo mismo que le pedían a Jesús: proximidad, siendo conscientes que no tenemos “varita mágica” alguna sino fe y confianza en Aquel que nos acompaña y nunca nos abandona.
Las comunidades carismáticas estamos llamadas, en este tiempo, a pedir al Divino Espíritu, con mayor fuerza e insistencia, el don de discernimiento.
Discernir, es en estos días, es uno de los grandes retos.
En el discernimiento no solo nos abrimos a los nuevos y renovados modos de responder a los designios del Padre. El discernimiento debe volverse el aire vital que impregne nuestras comunidades antes tantas voces que se alzan confundiendo la mente, nublando la visión, en definitiva, impidiéndonos ser fieles a la Gracia que nos fue dada.
Miguel Yunges ccpv
Comunidad Carismática Piedra Viva



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