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Iglesias vacías como señal y desafío

(II parte - p. Tomás Halík)


El año pasado, la catedral de Notre-Dame de París sufrió un incendio antes de Pascua; este año, en miles y miles de iglesias, y también en sinagogas y mezquitas, no se realizaron ceremonias. Como sacerdote y teólogo, reflexiono sobre estas iglesias vacías o cerradas como si fueran una señal y un desafío proveniente de Dios. Comprender el lenguaje de Dios, en los acontecimientos de nuestro mundo, requiere el arte del discernimiento espiritual, que, a su vez, requiere un desprendimiento contemplativo de nuestras emociones y de nuestros prejuicios cada vez más fuertes, así como de la proyección que damos a nuestros miedos y a nuestros deseos.


En tiempos de calamidad, los "agentes adormecidos" de un Dios maligno y vengativo siembran el miedo y preparan un capital religioso al servicio de sus propios fines. Su visión de Dios es agua que mueve el molino del ateísmo hace siglos. Pero, en una época de calamidades, no veo a Dios como un cineasta irascible, cómodamente sentado detrás del escenario, mientras los acontecimientos de nuestro mundo se precipitan, sino como una fuente de fuerza que opera en quienes, en estas situaciones, muestran solidaridad y un amor capaz de sacrificarse, incluyendo también a quienes actúan sin "motivación religiosa”. Dios es amor humilde y discreto.


Pero no puedo dejar de preguntarme si este tiempo de iglesias vacías y cerradas no representa una especie de advertencia de lo que puede pasar en un futuro relativamente cercano: dentro de unos pocos años, ellas podrían estar así, en gran parte de nuestro mundo.


¿No fuimos advertidos ya, varias veces, de lo que sucedió en muchos países, cuando se han vaciado o cerrado iglesias, monasterios y seminarios? ¿Por qué atribuimos este fenómeno a influencias externas (el «tsunami secular») durante tanto tiempo y no nos dimos cuenta de que un capítulo de la historia del cristianismo estaba terminando y que era hora de prepararnos para otro capítulo?


Quizás este tiempo de edificios eclesiales vacíos resalte simbólicamente el vacío que se esconde en las Iglesias y su posible futuro, si no hacemos un intento serio de mostrar al mundo una cara completamente diferente del cristianismo. Estuvimos demasiado preocupados por convertir al "mundo" (al "resto"), y menos preocupados por convertirnos a nosotros mismos; y esto no significa solo “mejorarnos”, sino pasar radicalmente de un estático “ser cristiano” a un dinámico “volvernos cristianos”.


La Iglesia medieval hizo un uso excesivo y punitivo de la prohibición, llevando a toda la maquinaria eclesial a una especie de "huelga general", en la que no se realizaban ceremonias ni se administraban sacramentos. Como consecuencia, la gente comenzó a buscar cada vez más una relación personal con Dios, una fe "desnuda". Proliferaron las fraternidades laicas y hubo una ola de misticismo que sin duda contribuyó a allanar el camino de la Reforma - por parte de Calvino y Lutero, por un lado, pero también, por otro, la reforma católica ligada a los jesuitas y al misticismo español. Quizás el descubrimiento de la contemplación podría contribuir hoy al "camino sinodal", en dirección a un nuevo concilio reformador.


p. Tomás Halík

“La señal de las iglesias vacías – Para un cristianismo que vuelve a partir” - Texto original en checo - 2020


TOMÁŠ HALÍK (n. 1948) es profesor de sociología en la Universidad Charles (Praga), presidente de la Academia Cristiana Checa y capellán universitario. Durante el régimen comunista fue un miembro muy activo de la llamada "Iglesia clandestina". Recibió el Premio Templeton (2014), que distingue a autores de obras "de destacada contribución a la afirmación de la dimensión espiritual de la vida", y el título de Doctor honoris causa por la Universidad de Oxford.

 
 
 

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