La docilidad de un varón de Dios
- rccrecreo

- 19 mar 2021
- 2 Min. de lectura
Si San José es modelo para toda la Iglesia, también es modelo para cada una de nuestras familias. Cada padre, cada madre de familia debe mirar siempre a San José y tener en él un referente. Él es un hombre de profunda fe en Dios, una fe de confianza y abandono, una fe de entrega, de dejarse guiar y conducir por Dios.

San José, recordando aquel José de Egipto, también es un hombre de sueños. Tenía el sueño de construir y edificar una familia, el sueño de ser un buen padre, el sueño de cuidar a María, pero convierte sus sueños en el sueño de Dios.
El sueño de Dios se hace realidad en José, porque es a través de los sueños que Dios interviene en su vida y habla a su corazón. Cuando José no entendía lo que le estaba pasando a María, no era por desconfianza de ella, sino porque aún no era capaz de penetrar en los misterios más profundos de Dios.
José es guardián y modelo de la Iglesia, es aquel que la protege, intercede y aboga por ella.
Es Dios quien interviene en sus sueños y le muestra: “José, no debes tener miedo, porque lo que se realiza en María es obra del Espíritu Santo”. José recibe a María en su casa para amarla y cuidar de ella.
El que recibe a María es el que también quiere recibirnos a cada uno de nosotros para custodiarnos, protegernos, defendernos y desviarnos del camino del mal. Y cuando nace Jesús, Herodes quiere perseguir y matar a ese niño, y, de nuevo, Dios interviene en los sueños de José, que huye y se deja conducir por Dios para evitar el mal.
¡Cuántos males están intentando jugar con nuestros hogares y familias, cuántos males están tratando de afligirnos todos los días! Recurramos a la protección de San José, para que nos enseñe, en primer lugar, a ser justos, santos y personas de profunda fe en Dios, y que nos enseñe el camino del abandono y la confianza en Dios.
Que José nos enseñe a abandonar los sueños humanos, para que los sueños de Dios también se hagan realidad en nuestras vidas. Que José nos enseñe a escuchar la voz de Dios, que nos habla a través de los sueños, los ángeles y por su presencia a los que se vuelven dóciles a él.
José, enséñanos la docilidad a Dios en todas las situaciones de la vida.
San José, ruega por nosotros.
¡Dios te bendiga!
p. Roger Araujo
Adaptación del original en portugués



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