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LA LUCHA POR LA UNIDAD EN TIEMPOS DE CAMBIO

Es un hecho que existen muchas realidades que atentan contra la salud de nuestro amor familiar, tanto dentro como fuera del hogar. En el contexto interno, en nuestra vida familiar, tenemos el desafío de convivir con personas diferentes a nosotros, con temperamentos, heridas y percepciones diferentes en todo; diferencias que a menudo nos afectan y, cuando no se gestionan correctamente, dañan nuestro “amor cotidiano”. Son innumerables las dificultades internas que podrían presentarse aquí, en las que quizás estés pensando ahora mismo. Son realidades que nos duelen y, poco a poco, confiscan nuestra voluntad de amar de verdad.


Sin embargo, fuera del hogar los desafíos también son enormes, ya que vivimos en una sociedad que en muchos sentidos va en contra de la unidad de nuestras familias y matrimonios en general. Vivimos, como decía Zygmunt Bauman, en una sociedad volátil y “líquida”, en la que todo parece inconstante y cambia con alarmante rapidez; una sociedad que no tiene solidez ni valores y principios definidos. Los valores y deseos acaban cambiando muy rápidamente y, en consecuencia, muchos patrones de comportamiento se destruyen y recrean cada día.

 

Los valores, ideas y creencias que formaron a los padres, por ejemplo, ya no existen en el mundo que forma y moldea a los niños. Esta ruptura, que siempre ha sido natural, ha ocurrido de manera demasiado abrupta y demasiado rápida en nuestro tiempo, dejando un vacío intenso y complejo entre los universos que componen la historia de cada miembro de la familia.

 

Esta realidad puede generar muchos conflictos y desacuerdos dentro de la familia, haciendo que los padres se sientan impotentes e incapaces de comprender y educar a sus hijos, al darse cuenta de que fueron criados en un mundo que se ha vuelto obsoleto y ya no existe.

A los padres les acaba resultando muy difícil interactuar positivamente con sus hijos, muchas veces sin poder entender su forma de pensar, los valores en los que creen, los ideales que sostienen, etc. Esto intensifica aún más los conflictos naturales entre generaciones y dificulta el entendimiento entre los miembros de la familia, que se sienten pertenecientes a mundos diferentes y, a veces, irreconciliables.

 

Ya hay estudiosos que, debido a las grandes y rápidas transformaciones presentes en nuestro tiempo, dan fe de que cada siete años comienza un nuevo ciclo y, prácticamente, una nueva generación. El flujo de información que reciben nuestros niños y jóvenes a través de Internet y otros medios de comunicación es altísimo, al igual que el número de nuevos desarrollos y avances. Esto intensifica cada vez más el desafío de un sano entendimiento familiar, dado que el protagonismo en la educación de los hijos ya no ha pertenecido a los padres, sino a internet y otras herramientas de comunicación actuales. Esto conlleva un peligro muy grande, ya que los mayores educadores de nuestra generación futura ya no son los padres, que deben comunicar sus valores y creencias a sus hijos, sino las innumerables “niñeras electrónicas” que utiliza la tecnología actualmente desarrollada.

 

Por supuesto, en este contexto, la interacción familiar no se volvió imposible; sin embargo, nadie puede negar que es más exigente y requerirá de un mayor esfuerzo y apertura por parte de todos los miembros del hogar. Los padres y todos los miembros de la familia necesitarán encontrar maneras nuevas e inteligentes de fomentar la comunión entre ellos, sin permitir que las noticias de nuestro tiempo enfríen y ahoguen el afecto y la comunión que deben unirnos como familia.


P. Adriano Zandoná

"7 pasos para la restauración familiar"

 
 
 

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