LOS CRISTIANOS POBRES, LOS POBRES CRISTIANOS
- rccrecreo

- 10 dic 2020
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¿Quién nunca ha oído hablar sobre los "cristianos pobres de la iglesia primitiva"? Sí. Esta interpretación en relación a los primeros seguidores de Cristo es un tema recurrente en parte de la historiografía que trata sobre el tema. Es cierto que, en el cristianismo primitivo, los adherentes a la "secta", como los veía el Imperio Romano, no gozaron de privilegios hasta principios del siglo IV. Y llegaron a ser perseguidos por algunos emperadores de la época, quienes los llamaron supersticiosos, ateos y traidores al judaísmo.
Sabemos que la caridad ha sido un valor constitutivo del cristianismo desde sus inicios. Son varios los adeptos de la religión que fomentaban la práctica, siguiendo las enseñanzas de su fundador, Jesucristo. Sin embargo, es necesario analizar detenidamente cómo se estructuraron las distintas comunidades cristianas hasta la denominada “fase constantiniana”, que se inicia en el año 313, y comprender cómo estos grupos asistieron a los más pobres en las distintas provincias del imperio. De esta forma, no caeremos en ese anacronismo y romanticismo histórico que llevan a diversas interpretaciones que se hacen sobre el cristianismo antiguo.
En cada comunidad cristiana, las obras de caridad se administraron de las formas muy diferentes. Por lo tanto, no podemos decir que existiera una política asistencial estandarizada. No olvidemos que, en los Hechos de los Apóstoles, un libro bíblico que describe cómo acontecía la distribución de bienes entre los seguidores de Cristo, el foco está en la comunidad de Jerusalén.
La forma en que los cristianos se organizaban en ese territorio específico no se correspondía con el modelo adoptado por los cristianos en Egipto, por ejemplo. Además, el concepto de pobreza en sí mismo, durante este período, pasó por varias elaboraciones teológicas, sin mencionar que, en algunas comunidades, es difícil hablar de un grupo compuesto mayoritariamente por personas pobres, como comúnmente se piensa.
Los autores cristianos, en los dos primeros siglos, hablaron mucho sobre el valor de compartir y la limosna, aunque no cuestionasen, en muchos escritos, especialmente en el ámbito occidental, la estratificación social. Prueba de ello es la normalidad con la que, en el texto Traditio Apostolica del siglo II, se trata al esclavo de un patrón cristiano. "Si eres esclavo de un creyente y el patrón lo permite, puedes escuchar la Palabra", dice el pasaje.
Es a partir del siglo IV cuando observamos cierto malestar ante estas diferencias. Basilio de Cesarea, uno de los teólogos más importantes de esa etapa, llegó a decir que “la división entre ricos y pobres era el resultado del pecado”
Los pobres y el imperio romano
Los primeros cristianos no fueron perseguidos directamente por lo que creían, ya que al imperio no le importaban las creencias de sus súbditos. Incluso hubo cierta tolerancia hacia las diversas manifestaciones religiosas, siempre que no fueran un obstáculo para el orden social.
Desde el momento en que los seguidores de Jesucristo se niegan a rendir culto al emperador - gesto considerado un acto cívico por excelencia -, pasaron a ser vistos como subversivos. No inclinarse ante el César significaba faltar al respeto a las instituciones y renunciar a la ciudadanía romana. Este fue un factor importante en la promulgación de edictos que ordenaron las persecuciones más sangrientas de los cristianos.
Además, el hecho de que comúnmente se traten como “hermanos” en sus reuniones, poniendo a todos al mismo nivel, atrajo aún más el desprecio colectivo. Fue un escándalo para la sociedad romana. Inadmisible que un esclavo, por ejemplo, privado de cualquier reconocimiento por parte del Imperio, se equipare a un ciudadano.
Otro factor a tener en cuenta es que, ya en el siglo II, el Imperio Romano comenzó a mostrar signos de debilitamiento, según informa el historiador inglés Peter Brown. Debido a esto, explica Brown, el número de pobres y necesitados en el territorio aumentó significativamente en esta fase.
En una sociedad que era completamente fastuosa y ostentosa, los pobres eran tratados con cierto desdén por la alta nobleza. Parte de la literatura pagana romana incluso los considera "miserables y vagos".
No hubo reflexión sobre la miseria ni una política para enfrentar el problema. La promoción de espectáculos, así como la distribución de cereales, no fueron más que iniciativas “populistas” del emperador. Algunos ricos, a su vez, se convirtieron en benefactores públicos, los llamados “evergetes” (persona benefactora o altruista), para ganar prestigio entre los miembros de la aristocracia romana. Y es en este escenario donde comienza a destacarse la obra de los cristianos.
Los "desechables"
Con la publicación de la Constitución Antonina del emperador Caracalla (212), se concedió la ciudadanía romana a todos los súbditos del imperio, a excepción de los peregrinos llamados “dedititicios”, que procedían de regiones conquistadas por Roma que no aceptaron pacíficamente la invasión. Sin la “tarjeta de identidad” romana, estas personas no podrían tener acceso a todos los beneficios.
Son los seguidores de Cristo quienes, durante este período, atienden a estas poblaciones. La mayoría de los pobres asistidos por cristianos eran inmigrantes. Los extranjeros constituían “la categoría más miserable entre los pobres”, así clasificados por la mentalidad dominante, que tendía a valorar solo a sus propios compatriotas.
La enseñanza cristiana no encajaba con la concepción pagana de la comunidad civil. Y lleva a cabo una revolución en la medida en que comienza a trascender el sentido mismo de la beneficencia. La donación, vista simplemente como un acto de justicia y benevolencia, incluso por otras religiones monoteístas, se convierte en caridad, un acto de amor entregado a quienes están cerca, no solo a sus compatriotas. Algunos teólogos antiguos decían que donde existía un cristiano rico, era inconcebible que alguien pasara hambre.
¿Todos eran pobres?
Las fuentes en relación con el cristianismo primitivo son bastante escasas. Sin embargo, la información a la que tenemos acceso nos permite identificar cómo algunas de las principales comunidades cristianas sirvieron a los más necesitados.
En el “Octavius” de Minúcio Félix, escrito en el siglo II, los cristianos de Roma son calificados como "gente sin propiedad". El libro, de contenido alegórico, muestra el diálogo entre un cristiano y un pagano sobre la auténtica religiosidad. El personaje pagano Cecilio Natalis se refiere a los seguidores de Cristo de la siguiente manera: "Muchos de ustedes están necesitados, tienen frío y padecen fatiga y hambre".
Se podría pensar, en base a este texto: "Es una confirmación de que todos los cristianos eran pobres". No es así. Lo primero que debemos tener en cuenta es que el texto se desarrolla en la ciudad de Roma y narra el estilo de vida de los cristianos en ese lugar específico.
En el caso de Alejandría, una de las ciudades más ricas del Imperio, la situación ya es diferente. El teólogo griego Clemente, que vivió parte de su vida en esta ciudad egipcia (por eso se le llama Clemente de Alejandría), cuestiona, en el discurso “Quis dives salvetur”, si la riqueza no sería un impedimento para la salvación. Es el primer texto que aborda el tema. Lo escribió pensando en la adhesión masiva al cristianismo de muchos alejandrinos ricos. Dice que hay lugar para ellos en el cielo, siempre y cuando se comprometan a administrar la riqueza según las líneas del cristianismo.
Algunas comunidades cristianas mantuvieron una “caja común” o “fondo de caridad”, donde principalmente los ricos bautizados deberían destinar parte de sus ganancias a quienes más lo necesitasen. Jerusalén y Cartago, por ejemplo, adoptaron este sistema. En otras ciudades, la administración de estos recursos, dirigida a los más pobres, funcionó de otra manera.
En la Apología de Arístides, otro texto cristiano de la época, está escrito, en otras palabras, que es imposible disociar la religión naciente de la práctica de la caridad. En la “Didaché”, desde el siglo I, considerado el primer catecismo cristiano, dar la espalda a los indigentes era una ofensa a la fe profesada.
Los primeros tres siglos del cristianismo estuvieron marcados por este debate sobre la riqueza. La pregunta era si la acumulación de bienes sería una inconsistencia frente al discurso del despojamiento propagado por Jesucristo. En la mayoría de los casos, se vio de esa manera. Cuanto menos tuviera el individuo, más cerca estaría de Dios.
Sin embargo, a pesar de las divergencias en cuanto a la definición de una postura que se correspondiese mejor con los valores evangélicos, tanto los escritores de Oriente como los de Occidente no descuidaron en ningún momento la esencia del mensaje cristiano. La idea de crear una red solidaria, encabezada por los bautizados, fue para ellos la gran diferencia, lo que mejor los distinguió de los demás. También afirmaban que es característico del cristiano asumir una actitud de desapego con relación a los bienes. De lo contrario, terminarían contaminando la doctrina de que el amor debe tener la primera y la última palabra.
Mirticeli Medeiros
Doctorada en Historia del Catolicismo
Pontificia Universidad Gregoriana.



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