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Los pensamientos de Cristo Jesús

¿Has observado alguna vez lo fácil que es tomar tu visión del mundo e imponérsela a las Escrituras? Toma como ejemplo la lectura del Evangelio de hoy. No está muy de moda hablar sobre demonios. Muchas personas se sienten incómodas con conceptos tan “primitivos”, así que tratan de buscar otras formas de explicar este relato. Tal vez estas dos personas estaban perturbadas mentalmente, o tal vez sufrían de una forma severa de epilepsia, o los atormentaba cualquier otra cosa que pueda ser explicada y controlada, en términos científicos y humanos.


Pero si descubrimos que nuestra visión de la realidad es diferente al enfoque bíblico, seguramente queramos comparar nuestra perspectiva con lo que leemos en los comentarios bíblicos o el Catecismo. Siempre deberíamos leer la palabra de Dios con una profunda actitud de respeto, confianza y disposición a ser instruidos por el Señor. También debemos estar dispuestos a examinar nuestros pensamientos y actitudes para ver si están conformes a la forma en que Dios quiere que pensemos y vivamos.


La lectura del Evangelio de hoy es un caso de estudio. Hay mucho que podemos aprender si aceptamos el hecho de que realmente existe un reino demoníaco y que los demonios verdaderamente tienen la capacidad de influir en la vida de las personas. Eso no significa que tenemos que aceptar todas las representaciones de actividad demoníaca que se encuentran en los libros y las películas. Pero sí significa que el diablo puede haber tenido algo de influencia en algunas de las actitudes de nuestro corazón. Él siempre está procurando entrometerse en nuestra vida, incluso hasta el punto de introducir tentaciones que buscan alejarnos del Señor.


Entonces, ¿cómo podemos discernir de dónde vienen nuestros pensamientos? Asegurándonos de que el Espíritu Santo está actuando en nuestra consciencia cuando rezamos y celebramos los sacramentos. Si estamos permitiendo que el Espíritu actúe en nuestra mente, entonces los pensamientos que tienen un origen maligno nos inquietarán y nos pondrán nerviosos. Por el contrario, los pensamientos que vienen del Espíritu nos llenarán con su paz y su seguridad. Dios quiere formarnos, él desea abrir nuestros ojos. Todo lo que él necesita es que cooperemos con él.


“Ven, Espíritu Santo, y lléname con la mente de Cristo.”


Génesis 21, 5. 8-20 Salmo 34 (33), 7-8. 10-13

fuente La Palabra con nosotros - Devocionario Católico

 
 
 

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