Los siete domingos de San José
- rccrecreo

- 1 feb 2025
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Es una antigua tradición en la Iglesia preparar la fiesta de San José, el 19 de marzo, con la contemplación de los dolores y gozos del Santo Patriarca durante los siete domingos anteriores a su fiesta.

DOLORES Y GOZOS DE SAN JOSÉ
De la mano de san José iremos contemplando los dolores: aquellos momentos en los que tuvo que pasar las pruebas que el Señor le tenía preparadas, los momentos que se entregó de forma plena al querer de Dios, aun sin comprender del todo lo que tenía guardado para él.
También iremos meditando los gozos de san José: la alegría y la felicidad de compartir su vida junto a su esposa, la Santísima Virgen y el Niño. El gozo de saberse en las manos de un Dios que le había escogido para tan gran tarea.
Los cristianos siempre hemos visto en san José un ejemplo de entrega y de fe en Dios y podemos considerarlo maestro de oración. Fue él, después de la Virgen, quien más de cerca trató al Niño Dios, quien tuvo con él el trato más amable y sencillo.
Antífona (para todos los días):
¡Oh feliz Varón, bienaventurado José! A quién le fue concedido no sólo ver y oír al Hijo de Dios, a quién muchos quisieron ver y no vieron , oír y no oyeron, sino también abrazarlo, besarlo, vestirlo y custodiarlo.
V: Ruega por nosotros bienaventurado San José.
R: Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amen.
PRIMER DOMINGO
Oh castísimo esposo de María, glorioso San José: qué aflicción y angustia la de tu corazón en la perplejidad en que estabas, sin saber si debías abandonar o no a tu esposa sin mancilla. Pero cuál no fue también tu alegría, cuando el ángel reveló el gran misterio de la Encarnación. Por ese dolor y gozo, te pido consueles nuestro corazón ahora y en nuestros últimos dolores, con la alegría de una vida justa y de una santa muerte, semejante a la tuya , asistidos de Jesús y de María. Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
SEGUNDO DOMINGO
Oh bienaventurado patriarca glorioso San José, escogido para ser padre adoptivo del Hijo de Dios hecho hombre: el dolor que sentiste, viendo nacer al Niño Jesús en tan gran pobreza, se cambio de pronto en alegría celestial al oír el armonioso concierto de los ángeles, y al contemplar las maravillas de aquella noche tan resplandeciente. Por este dolor y por este gozo, alcánzanos que después del camino de esta vida vayamos a escuchar las alabanzas de los ángeles, y a gozar de los resplandores de la gloria celestial. Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
TERCER DOMINGO
Oh ejecutor obediente de las leyes divinas, glorioso San José: la sangre preciosísima que el redentor derramó en su circuncisión te traspasó el corazón, pero el nombre de Jesús, que entonces se le impuso, te confortó, llenándote de alegría. Por este dolor y por este gozo, alcánzanos el vivir alejados de todo pecado, a fin de expirar gozosos con el santísimo nombre de Jesús en el corazón y en los labios. Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
CUARTO DOMINGO
Oh santo fiel, que tuviste parte en los misterios de nuestra redención, glorioso San José: aunque la profecía de Simeón acerca de los sufrimientos que debían pasar Jesús y María, te causó dolor a par de muerte, sin embargo, te llenó también de alegría, anunciándonos al mismo tiempo la salvación y resurrección gloriosa, que de ahí se seguiría para un gran número de almas. Por ese dolor y por ese gozo, consíguenos ser del número de los que por los méritos de Jesús y por la intercesión de la bienaventurada Virgen María han de resucitar gloriosamente. Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
QUINTO DOMINGO
Oh custodio vigilante, familiar íntimo del Hijo de Dios hecho hombre, glorioso San José: cuánto sufriste teniendo que alimentar y servir al Hijo del Altísimo, particularmente en la huida a Egipto, pero cuán grande fue también tu alegría teniendo siempre con vos al mismo Dios, y viendo derribados los ídolos de Egipto. Por este dolor y por este gozo, alcánzanos alejar para siempre de nosotros al tirano infernal, sobre todo huyendo de las ocasiones peligrosas, y derribar de nuestro corazón todo ídolo de afecto terreno, para que, ocupados en servir a Jesús y María, vivamos tan sólo para ellos, y muramos gozosos en su amor. Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
SEXTO DOMINGO
Oh ángel de la tierra, glorioso San José, que pudiste admirar al Rey de los Cielos, sometido a tus más mínimos mandatos; aunque la alegría al traerle de Egipto se turbó por temor de Arquelao, sin embargo, tranquilizado luego por el ángel viviste dichoso en Nazaret con Jesús y María. Por este dolor y por este gozo, alcánzanos la gracia de desterrar de nuestro corazón todo temor nocivo; de poseer la paz de la conciencia, de vivir seguros con Jesús y María, y de morir también asistidos de ellos. Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
SÉPTIMO DOMINGO
Oh modelo de toda santidad, glorioso San José, que, habiendo perdido sin culpa tuya al Niño Jesús, le buscaste durante tres días con profundo dolor, hasta que lleno de gozo le encontraste en el Templo, en medio de los doctores. Por este dolor y gozo te suplicamos, con palabras salidas del corazón, intercedas en nuestro favor, para que no nos suceda jamás perder a Jesús por algún pecado grave. Mas si por desgracia le perdiéramos, haz que le busquemos con tal dolor, que no nos deje reposar hasta encontrarle favorable, sobre todo en nuestra muerte, a fin de ir a gozarle en el cielo y cantar eternamente con Vos sus divinas misericordias. Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
FINAL (para todos los días):
Acuérdate Oh purísimo Esposo de María, oh dulce protector mío San José, que jamás se oyó decir que haya dejado de ser consolado uno solo de cuantos han acudido a tu protección e implorado tu auxilio. Con esta confianza vengo a tu presencia y me encomiendo a Vos fervorosamente, oh padre nutricio del Redentor. No deseches mis súplicas, antes bien, escúchalas piadosamente. Amén.
Oración: Oh Dios, que por providencia inefable te dignaste escoger al bienaventurado José para esposo de tu Santísima Madre: te suplicamos nos concedas la gracia de que, venerándole en la tierra como a nuestro protector, merezcamos tenerle por intercesor en los cielos. Amén.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria,
por las intenciones del Papa
Es conveniente hacerlo confesando y comulgando.



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