top of page

Segunda aparición de San Miguel en Gargano

PARTE II

Era el primer año del Emperador Anastácio y el primer año del Papa San Gelásio, cuando San Miguel apareció por segunda vez a San Lorenzo Maiorano, o sea, dos años después de la primera aparición. El ejército de los reyes de los godos, Odoacro, considerando al pueblo de Siponto como aliado de Teodorico, su adversario para alcanzar la corona de Italia, atacó con fuerte cerco a los sipontinos, amenazándolos con exterminarlos. Los sipontinos recurrieron al santo obispo para consultarlo en este gravísimo asunto, y el obispo deliberó recurrir a la ayuda del capitán general de las milicias celestiales. Mientras los godos estaban empeñados en cavar trincheras, y construir abrigos y torres en el frente de batalla, Lorenzo, a semejanza de Moisés, subió al Monte Gargano para implorar del guerrero celestial la victoria. Era el día lunes, día 25 del mes de setiembre, cuando los godos enviaron un mensajero a declarar la guerra.


Llamado nuevamente el obispo para consultar sobre la inevitable guerra, él mandó al pueblo pedir tregua por otros tres días. Una vez obtenida, ordenó que en aquel triduo todos buscasen la oración y la penitencia, y frecuentasen los sacramentos, como de hecho hicieron los sipontinos. Es que, en el amanecer del viernes 29 de setiembre del año 492, mientras el santo obispo se postraba en oraciones en la iglesia de Santa María, se le apareció San Miguel, le aseguró la victoria, y le ordenó no atacar a los enemigos, sino después de las cuatro de la tarde, para que el Sol, con su esplendor, fuese testigo de la potencia del Arcángel.


El santo obispo avisó al pueblo y, después de haberlo fortalecido con el Pan Eucarístico en las primeras tres horas del día, a las cuatro, o sea cercano a las dieciséis horas, los sipontinos salieron alineados a la batalla contra los bárbaros. El cielo estaba limpio, cuando de repente se oyó un trueno en el aire, y una nube cubrió la sagrada cima del Gargano; un horrible terremoto sacudió la tierra, y el mar adyacente se agitó con espantosos ruidos – “se agitó el mar y la tierra tembló” 2)- y, superando las márgenes, habría tragado a aquellos bárbaros, así no fuesen destinados a las llamas infernales. El Guerrero Celestial, lanzando de lo alto del Gargano flechas de fuego, mostró claramente que a su lado combaten los cuatro elementos. Cada ráfaga arrasaba muchas vidas de los bárbaros, sin tocar a ninguno de los sipontinos. El ejército godo se vio arrasado, sacudido, abatido. Los sipontinos persiguieron a los godos hasta Nápoles. Como gratitud de tan gran victoria, San Lorenzo, junto con el pueblo, fueron luego sobre el Gargano a agradecer al Defensor Celestial. En la entrada de la santa gruta, sin atreverse a entrar allá adentro, descubrieron y vieron las pisadas como de hombres impresas en la dura piedra, representando la presencia de San Miguel. Cada uno, delirando de santa alegría, besaba aquella prodigiosa señal, y tal vez repetían: “Esto es el dedo de Dios” (3). Cuán poderoso es San Miguel para quien confiadamente lo invoca. (4)


sigue en Parte III


 
 
 

Comentarios


© 2021 by Comunidad Piedras Vivas. Proudly created with Wix.com

  • Twitter Classic
  • c-facebook
bottom of page