TRANSFORMANDO CARENCIAS EN DONACIÓN
- rccrecreo

- 29 ene 2021
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Las personas que ayudan a otros gozan de buena salud y viven mejor. Está científicamente probado: los psicólogos, neurólogos y epidemiólogos afirman que ayudar a los demás aporta innumerables beneficios para la salud de quienes ayudan. Y eso sin hablar del bien que se hace a quienes reciben ayuda.
Hacer el bien es bueno para el corazón, el sistema nervioso, el sistema inmunológico y aumenta la expectativa de vida y la vitalidad en general. Entre los beneficios observados se encuentran: optimismo, aumento de energía, disminución de problemas psicológicos, como depresión y soledad, además de fortalecer el sistema inmunológico. Las personas que hacen el bien sienten menos dolor, están más relajadas y duermen mejor.
Lo que llamamos helper's high (felicidad que una persona tiene cuando realiza un trabajo voluntario) implica sensaciones físicas que reducen el estrés y liberan sustancias analgésicas naturales del cuerpo. Es decir, cuanto más ayude la persona a los demás, más beneficios tendrá como recompensa. ¡Y la recompensa comienza con los beneficios para ella misma! Después de todo, “hay más alegría en dar que en recibir” (Hch 20,35).
¡Bendito el hombre que le da confianza a otro, no el que confía en otro hombre! “Esto es lo que dice el Señor: 'Maldito el hombre que confía en otro hombre, que se sustenta en la carne y cuyo corazón vive lejos del Señor. Bienaventurado el hombre que confía en el Señor y cuya esperanza es el Señor” (Jr 17,5.7).
Me gusta mucho la canción “La barca”. Fue una de las favoritos de San Juan Pablo II. Se canta: "Mi cansancio que a otros descanse...". El cristiano sabe: es dando que se recibe, es con bendición que se es bendecido. Hacer el bien es bueno. ¡Es eso!
Oración
Haz el bien, Jesús. Seré bueno y me consumiré en la misericordia, sin importar en qué circunstancias. Rezaré y actuaré, el resto tu ¡harás! Después de los días oscuros y tristes, vendrán días felices y soleados. Caminaré en tu presencia, siempre y mucho confiaré en ti.
Dejaré que el Señor actúe. Descansaré el dolor de los demás, descansaré las cargas de mi hermano con una palabra samaritana. Lavaré mi alma lavando los pies de mi hermano con mis actitudes y palabras correctas. Dios mío, sáname de mis carencias. Convierte mis maldiciones en bendiciones cuando me entrego al hermano que sufre. Amén.
p. Marlon Mucio
Libro: “40 Días transformando maldiciones en bendiciones”
Parcería Editora Canção Nova y Editora “Misión sed santos”



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