UN NUEVO TIEMPO COMUNITARIO
- rccrecreo

- 21 oct 2021
- 5 Min. de lectura
A mediados de 2020 en plena pandemia, el Señor nos hablaba a través de una visión. Podíamos ver los atrios de San Miguel, la parroquia que acoge a nuestro núcleo comunitario y veíamos hermanos –mujeres y hombres- llegando literalmente en cuatro patas, gateando; Sin fuerza alguna para ponerse de pie, quebrados, dolidos, angustiados, sus cuerpos estaban heridos, llagados. Y cada escalón que subían manifestaba más y mas dolencias, angustias, soledades, tristezas profundas; Crisis, falta de esperanza, dudas que hacían tambalear su fe. Y al final de la visión el Señor repetía las palabras que en más de una ocasión imponía sobre nosotros:
“Tú serás como un jardín bien regado, como una vertiente de agua, cuyas aguas nunca se agotan. Reconstruirás las ruinas antiguas, restaurarás los cimientos seculares, y te llamarán «Reparador de brechas», «Restaurador de moradas en ruinas». Isaías 58
Fue de inmediato que vimos como al “pisar las baldosas de San Miguel” esos hombres y mujeres doblados, quebrados por tormentas desatadas con poder encontraban la fuerza, el poder y la gracia de ponerse de pie. Fue para nosotros todo un mensaje que nos permitió discernir el camino emprendido.
En esta noche, nuestra comunidad volvió a la presencialidad. Y volvimos en los atrios que el Señor nos mostró y sobre cada uno de ellos oramos. Intercedimos.

PRIMER ESCALON
HERIDOS EN EL CUERPO

Guía:
Padre Amoroso,
Como en el camino de Tu Hijo al Calvario,
nos encontramos nosotros hoy aquí, en los atrios de San Miguel,
Sabiendo que muchos de los nuestros,
conocidos, vecinos, familiares y amigos,
han debido enfrentar en estos tiempos
la dura lucha contra un enemigo oculto.
Tú eres el Gran Creador, el hacedor de todo y nada se escapa
A tu mirada de Padre Misericordioso.
Tu estas aquí pronto para salir al encuentro de quienes,
Quebrados por las enfermedades físicas despertadas en estos tiempos,
No pueden recomponer sus fuerzas sin Tu Gracia.
Aquí estamos, nos sentimos sobrevivientes en medio de la tempestad.
Sólo Tu Amor nos ha mantenido de pie y, aunque hemos sentido el peso del tiempo y la pandemia podemos decirte: Gracias por estar a nuestro lado.
Todos juntos:
Padre Rico en Misericordia,
Fuente de todo Consuelo. Amparo en la tempestad.
Bendito sean Tus Brazos que nos acogen.
Bendito los atrios del Templo donde vives y reinas.
Hoy, aquí, parado en este primer escalón
Me entrego, me consagro a Ti.
Restaura las fuerzas físicas que perdí.
Restaura las fuerzas físicas que han perdido muchos hermanos.
Restaura los cuerpos desgastados por el cansancio de tantos
Médicos, enfermeras y enfermeros, profesionales de la salud,
Fuerza de seguridad.
Restaura el cuerpo de los que han perdido todo.
De los que se han quedado sin el sustento diario para sus vidas y las de sus familias.
Padre del Cielo, devuélvele, por misericordia a nuestros cuerpos,
La fuerza para luchar, para enfrentar el presente
lleno de incertidumbres.
Sana toda dolencia Padre Bendito.
Coloco mis pies en este estrado, y te suplico:
Permíteme entrar en tu lugar Santo para alabarte,
Bendecirte, Adorar a Tu Hijo en el Santo Sacramento del Altar
Y en esa adoración volverme uno con los que hoy padecen en sus cuerpos.
Tú Amor de Padre es verdadera medicina.
Dame la gracia de ser portador de ese bálsamo.
Amén.

SEGUNDO ESCALÓN
HERIDOS ÁREA MENTAL
Guía:
Señor Jesús, al igual que tus discípulos
Nos sentimos subidos a la barca y hemos experimentado
Que la tempestad no es tan fuerte en el exterior
Como lo es en el interior.
Vientos de angustia, miedo, ansiedad, depresión, tristeza, abatimiento han doblegado a muchos hermanos.
No hay espacio para la paz en muchas mentes.
La tiniebla parece querer gobernar.
Necesitamos que vuelvas a ponerte en el frente,
Levantar Tu Voz potente y serenar el mar agitado.
Todos juntos:
Mi Señor y mi Salvador,
Roca firme. Amparo en la tempestad.
Bendito sea tu Nombre Santo.
Bendito el vientre Santo de Tu Madre que te contuvo,
Hoy necesitamos ser sumergidos en ese vientre de amor
Y aprender el arte de sumergir a los abatidos.
Hoy, aquí, parado en este segundo escalón
Me entrego, me consagro a Tì,
Te dono lo que soy y lo que tengo.
Tomo de mi pobreza y conviértela en fuente de riqueza
Que a otros consuele, levante y fortalezca.
Envía, Señor del Cielo y de la Tierra tus legiones celestiales.
Envía a nuestro Santo patrono San Miguel, que venga a luchar,
A dar la batalla que no podemos dar.
No luchamos contra hombres de carne y hueso.
Nuestra lucha, Señor, es contra el acusador,
El que ha venido a robar y matar,
El que siembra tempestades en nuestros pensamientos
Y en las mentes de tantos y tantos hombres y mujeres.
Rompe con el Poder de Tu Sangre Preciosa
Toda asechanza, toda iniquidad.
Destruye aquello que desangra interiormente los corazones.
Coloco mis pies en este estrado, y te suplico:
Permíteme entrar en tu lugar Santo para alabarte,
Bendecir Tu Nombre,
Adorarte presente en el Santo Sacramento del Altar
Y volverme uno con los que hoy padecen en sus mentes.
Tú eres la verdadera medicina.
Tú eres el Pan Vivo bajado del Cielo
Dame la gracia de ser portador de ese bálsamo.
Quiero, anhelo y deseo ser Piedra Viva que edifique y contenga.
Que abrace y consuele y sólo por Tu gracia, podré hacerlo.
Amén.

TERCER ESCALON
HERIDOS EN EL ESPÌRITU
Espíritu Santo de Dios,
Espíritu que aleteabas en el principio sobre las aguas.
Divino y Santo Espíritu que pusiste orden en el caos inicial.
Llegamos aquí, a los atrios de San Miguel
Donde quisiste mostrarnos lo herido del corazón y el espíritu humano.
La pandemia ha traspasado vidas.
Muchos te han encontrado en medio del desierto,
Pero muchos otros se han perdido.
En algunos la confianza en el Poder de Tu Amor
Ha acrecentado su Fe, su Esperanza y la caridad.
En otros, debilitados por un mundo que quiere apagar tu susurro,
Que quiere ahogar tu soplo,
Solo quedan restos, moradas antiguas, destruidas.
Espíritu Santo de Dios,
Fiel amigo, Abogado y Defensor de nuestras vidas.
Eres el centro vital de nuestra comunidad que hoy,
Con confianza se atreve a subir las escalinatas de San Miguel
Para implorarte: Ven!
Te necesitamos!
Incendia en esta noche todo lo que necesita ser incendiado.
Purifícanos. Santifícanos.
Todos juntos:
Mi Fiel y amado Amigo: Divino Espíritu Santo.
Un grito surge de mi interior,
Es el grito mas fuerte que el grito de una garganta,
Es el grito de los que andamos errantes,
Necesitados de tus divinos auxilios.
Dulce Huésped del Alma,
Ven a visitarnos. Ven y haz caer sobre este pueblo
Que te busca, que te clama,
Una nueva efusión de Tu Amor y de Tu Consuelo.
Ven a devolver al decaído la fortalece.
Ven a traer sabiduría al que está perdido.
Ven a darnos discernimiento para seguir el camino marcado.
Ilumina nuestros pasos,
Fortalece nuestra voluntad.
Hazte presente en la vida de aquellos que,
Por diversos motivos, permitieron que su vida se entibiase.
¡No permitas que nosotros seamos tibios!
Incendia en esta noche nuestros corazones,
Todos los corazones.
Incendia esta comunidad que te suplica.
Incendia la comunidad parroquial que nos acoge.
Te necesitamos.
Devuelve el orden perdido. Restaura y haz crecer
La iglesia en Fe, en caridad y en compasión.
Acompaña este tiempo sinodal y danos la gracia de,
Desnudando nuestras miserias,
Ser revestidos de tu infinito Amor que se vuelve
Abrigo del desabrigado,
Esperanza del desconsolado.
Alegría del entristecido.
Coloco mis pies en este estrado, y te suplico:
Permíteme entrar en este lugar Santo para alabarte,
Bendecir Tu Presencia siempre Viva,
Adorarte a Ti que pusiste Tu morada en nuestros corazones
Y volverme uno con los que hoy padecen en su espíritu.
Tú eres verdadera medicina.
Tú eres el Aliento que devuelve Vida.
Dame la gracia de ser portador de ese bálsamo.
Quiero, anhelo y deseo ser Piedra Viva que edifique y contenga.
Que abrace y consuele y sólo por Tu gracia, podré hacerlo.
Amén.
Sigue en articulo: Renovación de promesas bautismales



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