APARICIÓN DE SAN MIGUEL A LOS ARGONAUTAS
- rccrecreo

- 17 ago 2022
- 4 Min. de lectura

¿Quiénes eran los “Argonautas”?
Píndaro, Esquilo o Sófocles describieron la expedición de “los argonautas” al reino de Cólquide en una de las grandes epopeyas clásicas griegas. Los argonautas era los tripulantes del Argos, una galera formidable comandada por Jasón. Su misión consistió en partir en busca de la piel de un carnero sagrado, el Vellocino de Oro. Este trofeo sería aquello que le permitiría a Jasón hacerse con el trono de Yolco (Tesalia) en el que reinaba su tío, el usurpador Pelías.

Para lograr el objetivo y llegar a destino ordenó la construcción del Argos, una nave de 50 remos que gracias a la madera de un roble sagrado “podía hablar”. A esta aventura fueron invitados los 50 hombres considerados más valerosos en su época, entre ellos Orfeo, Cástor y Hércules.
“No son pocos los milagros que ha obrado nuestro Señor por intercesión del poderosísimo arcángel, en Sosthemio, sitio de Tracia, que muchos años antes de Cristo escogió Dios para que fuese en él honrado su gran siervo Miguel.”
La aparición del Arcángel San Miguel
Mucho tiempo antes de la venida de Nuestro Señor Jesucristo, Dios quiso que fuese honrado en la tierra su gran ministro San Miguel Arcángel. De hecho, Nicéforo y otros historiadores narran que Jason y los Argonautas fueron ayudados por San Miguel, quien se les apareció librándolos de un peligro que encontraron cuando llegaron de Grecia a Tracia cerca del año 1262 AC, prometiéndoles que vencerían a sus enemigos, como aconteció; pues, animados por su ayuda, consiguieron una gran victoria. En memoria y gratitud por tan grande favor, edificaron un templo en su honor y colocaron su imagen con las alas abiertas tal como se les había aparecido. [1]
Entre los numerosos relatos relacionados con este templo podemos leer:
“El templo primeramente se edificaría en Sardica, después en el Sigeo, Promontorio de Troade, donde empezó a ponerse en obra. Hechas ya las puertas, apareciéndoseles el Señor les dijo que fuese otro lugar en Tracia. Así lo hizo y, habiendo dado inicio a ello en Calcedonia, quitaron unas Águilas que marcaban y medían las calles y plazas, y los llevaron a Bizancio donde estaba el Sosthenio. Esto hicieron tres veces. (…) Estando allí Constantino se le apareció San Miguel (como dice Niceforo) bajo la misma forma que se manifestó a los Argonautas, declarando que él le había favorecido en sus victorias, con lo cual determinó hacer célebre aquel lugar con su Imperial Corte, y hacer un grandioso Templo a San Miguel, que fuese famoso en todo el mundo, por la fama de milagros que en él se hicieron. Entre los que celebra Zozomeno es el que hizo con Probaciano, persuadiéndole de venerar la Cruz, y con Aquilino, sanándole con contrarias medicinas a su mal, porque estando este hombre ya casi agonizando, se mandó llevar al Templo de San Miguel, diciendo que en él había de morir, o quedar sano. Tanto insistió que le llevaron allá, donde se le apareció el Arcángel del Señor mandándole que colocase en la comida cierta poción que le recetó, muy dañosa a su enfermedad, a juicio de los médicos, pero con admiración de todos, porque luego quedó sano totalmente. Otros muchos sanaban con cierto aceite milagroso, que manaba de la Imagen del Santo Arcángel.
Sobre todas las maravillas, fue admirable la que sucedió a Marciano, que se dedicó a servir en el Templo, el cual nunca usó otra medicina sino la del patrocinio de San Miguel, porque acudiendo a él, luego sanaba, pero para mostrar más el Señor su poder, sucedió que enfermó mortalmente. A pesar de la gravedad rehusó toda cuanta medicina le aplicaban, no queriendo otra sino no apartarse de aquel lugar santo. Esto le pareció a un médico temeridad y mandó que aunque no quisiese le pusieran ciertos fomentos que recetó. A la noche arrebatado de éxtasis Marciano vio que se abrían las puertas de la Iglesia y que San Miguel en un hermoso caballo descendía del Cielo. Maniató el mismo a un mármol que allí estaba, entró en el Templo acompañado de Ángeles, llenando todo el aire de suavísima fragancia, llegó donde estaba el doliente y, mirando su jarro se enfrentó con aquellos medicamentos que habían preparado por mandato del Médico. Preguntó que era aquello y quien se había atrevido a mandarlo hacer en su casa. Respondió Marciano la verdad. Se volvió San Miguel a los Ángeles que tenía a su lado mandándoles que hiriesen a aquel médico en la cabeza y le arrojasen sus medicinas. Tocando luego con un dedo el aceite de una lámpara que ardía delante de su imagen hizo la señal de la Cruz sobre el enfermo y saliendo de la Iglesia subió a su caballo y hacia el Cielo se fue. A la mañana contó Marciano a un sacerdote lo que había hecho el Santo Angel observando el sacerdote la señal de la Cruz en la frente de Marciano y no hallando aquellos medicamentos hechos por orden del médico. Fue a la casa del médico hallándola totalmente alborotada y el lugar lleno de llantos porque el médico se estaba muriendo de repente, y tenía el rostro lleno de llagas, no dejando de repetir: O cristianos, tened misericordia de mi y cortadme esta cabeza que no puedo sufrir los dolores que en ella tengo. Con la llegada del sacerdote hizo que le llevasen en la misma cama a la Iglesia de San Miguel. Al oir el ruido volvió en sí Marciano y hallándose totalmente bien se levantó contento, viendo el médico que pedía misericordia a San Miguel y le ungió la cabeza con el óleo que de la imagen manaba, y al momento cesó el dolor, quitándoseles las llagas, quedando en perfecta salud, y tan devoto y agradecido a San Miguel, que se dedicó a servir a Dios y al Santo Arcángel en su templo todos los días de su vida.”[i]
[1] Cf. NIEREMBERG, Juan Eusebio. De la devoción y patrocinio de San Miguel. Madrid: María de Quiñones, 1643, p.94
[i] Cf. NIEREMBERG, Juan Eusebio. De la devoción y patrocinio de San Miguel. Madrid: María de Quiñones



Comentarios