¿Seguís a Jesús o seguís contenido sobre Jesús?
- rccrecreo

- hace 18 minutos
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Hay una escena en el Evangelio de Juan que dura apenas dos versículos. No tiene milagros, no tiene discurso, no tiene multitudes. Tiene solo a un hombre que acaba de pasar el día con Jesús, y que hace la única cosa que tiene sentido hacer después de ese encuentro: va a buscar a su hermano.
Andrés encuentra a Simón y le dice cuatro palabras: «Hemos encontrado al Mesías» (Jn 1,41 — Biblia de Jerusalén). Y después lo lleva donde está Jesús.
No le explicó todo lo que había aprendido. No le compartió recursos. No le recomendó fuentes. Lo llevó.
Eso es el Evangelio. Tiene verbos de movimiento, de cuerpo, de presencia. Ir. Encontrar. Llevar. Ver. Seguir.

Lo que cambió sin que lo notáramos
En los últimos años, algo se fue transformando en la manera en que muchos creyentes se relacionan con la fe. Gradualmente —y por razones que en su momento eran comprensibles— el mundo digital se convirtió en el espacio principal donde se consume lo espiritual. Homilías, retiros, oraciones guiadas, reflexiones bíblicas, testimonios: todo disponible, todo accesible, todo en el bolsillo.
No hay nada malo en eso, si es un punto de partida. El problema aparece cuando se convierte en un punto de llegada.
Porque hoy existe un perfil de creyente que habría sido imposible imaginar hace veinte años: alguien con acceso ilimitado a contenido espiritual de altísima calidad, que sigue predicadores reconocidos, escucha rosarios grabados, tiene la Biblia en tres aplicaciones distintas, y sin embargo lleva meses sin sentarse en silencio delante de Dios, sin recibir los sacramentos, sin pertenecer de verdad a ninguna comunidad.
Ese creyente no está evangelizado. Está informado.
Y la diferencia entre las dos cosas es exactamente la distancia que hay entre conocer el nombre de alguien y conocer a esa persona.
Conocer sobre Jesús no es lo mismo que conocer a Jesús
El cardenal Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, lo dijo con una imagen que no se olvida fácilmente: hay una diferencia entre conocer a una persona en vivo y haber conocido su fotografía durante años. Una fotografía informa. El encuentro transforma.
El Papa Benedicto XVI lo formuló desde la teología fundamental: «No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva» (Deus caritas est, n. 1).
El contenido digital puede despertar algo. Puede recordar. Puede acompañar en un momento de sequía. Pero no puede darte lo que solo ocurre en la presencia: la absolución de un confesor, el cuerpo de Cristo partido y dado, el hermano que ora con vos y te conoce por tu nombre, no por tu perfil.
La fe como encuentro con la persona de Cristo tiene la forma de la relación con Él, de la memoria de Él, en particular en la Eucaristía y en la Palabra de Dios. No es una idea que se descarga. Es una relación que se vive, y que necesita lugar, tiempo y cuerpo para crecer.
La pregunta que vale hacerse
¿Cuándo fue la última vez que estuviste en una celebración eucarística con tu comunidad? ¿Cuándo fue la última vez que te sentaste con otros a orar? ¿Cuándo fue la última vez que alguien te preguntó cómo estabas y vos respondiste con la verdad?
Si la respuesta a esas preguntas cuesta más encontrarla que recordar el último video espiritual que viste, algo está invertido.
No es un juicio. Es una pregunta que merece honestidad.
Una invitación concreta
Esta semana, cierra las aplicaciones. Apaga el podcast. Y busca a tu comunidad.
No para consumir. Para estar. Para recibir lo que ninguna pantalla puede darte.
Andrés no mandó un link a su hermano Pedro. Fue a buscarlo. Y cuando lo encontró, no le ofreció contenido sobre el Mesías. Le dijo: «Hemos encontrado al Mesías», y lo llevó donde estaba Jesús.
Ese "llevarlo" sigue siendo la forma del Evangelio. Y ese "donde está Jesús" tiene dirección y horario. Es la misa del domingo. Es el grupo de oración. Es la comunidad que te espera, aunque hayas faltado mucho tiempo.
El contenido digital puede mostrarte el camino. Pero el camino hay que caminarlo con otros, en presencia, con el cuerpo que Dios te dio para encontrarlo.
Fuentes: Biblia de Jerusalén, Jn 1,41 ; Benedicto XVI, Encíclica Deus caritas est (2005), n. 1; Cantalamessa, R., Cuarta predicación de Cuaresma, Vatican News / Religión en Libertad, 26/03/2021.



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