Complemento oracional - Día # 8
- rccrecreo

- 24 ago 2021
- 4 Min. de lectura
Salmo 17 – La confesión del inocente
Escucha, Señor, mi justa demanda,
atiende a mi clamor;
presta oído a mi plegaria,
porque en mis labios no hay falsedad.
Tú me harás justicia,
porque tus ojos ven lo que es recto:
si examinas mi corazón
y me visitas por las noches,
si me pruebas al fuego,
no encontrarás malicia en mí.
Mi boca no se excedió
ante los malos tratos de los hombres;
yo obedecí fielmente a tu palabra,
y mis pies se mantuvieron firmes
en los caminos señalados:
¡mis pasos nunca se apartaron de tus huellas!
Yo te invoco, Dios mío, porque tú me respondes:
inclina tu oído hacia mí y escucha mis palabras.
Muestra las maravillas de tu gracia,
tú que salvas de los agresores
a los que buscan refugio a tu derecha.
Protégeme como a la pupila de tus ojos;
escóndeme a la sombra de tus alas
de los malvados que me acosan,
del enemigo mortal que me rodea.
Se han encerrado en su obstinación,
hablan con arrogancia en los labios;
sus pasos ya me tienen cercado,
se preparan para derribarme por tierra,
como un león ávido de presa,
como un cachorro agazapado en su guarida.
Levántate, Señor, enfréntalo, doblégalo;
líbrame de los malvados con tu espada,
y con tu mano, Señor, sálvame de los hombres:
de los mortales que lo tienen todo en esta vida.
Llénales el vientre con tus riquezas;
que sus hijos también queden hartos
y dejen el resto para los más pequeños.
Pero yo, por tu justicia, contemplaré tu rostro,
y al despertar, me saciaré de tu presencia.

Antífona
San Miguel Arcángel, esparce tu manto y tu escudo protector en nuestros hogares. Guárdanos en nuestros trabajos y nuestros negocios. Tráenos la paz y la harmonía a nuestra ciudad. Haz que humildemente nos aproximemos de Dios justo y Santo.
Espíritu Santo, Tu que me aclaras todo,
que iluminas todos los caminos para que yo alcance mi ideal.
Tu que me das el don Divino de perdonar y olvidar el mal que me hacen y que en todos los instantes de mi vida estas conmigo.
Quiero en este corto diálogo agradecerte por todo y confirmar que nunca quiero separarme de Ti, por mayor que sea la ilusión material.
Líbrame de toda pereza, de toda aquello que me vuelve una persona apática, holgazán, egoísta, negligente.
Que por la Sangre de Cristo y los méritos de sus preciosas Llagas sea curado y liberado de todo mal.
Amén
La Palabra de Dios (Mateo 5, 43-45)
Ustedes han oído que se dijo: "Amarás a tu prójimo" y odiarás a tu enemigo.
Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores;
así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos.
Meditación
No se debe dar crédito a cualquier palabra o impresión; antes bien, con prudencia y ponderación, examinar cada cosa delante de Dios.
¡Que tristeza! Se cree y se dice más fácilmente de los otros lo malo que lo bueno; ¡tan frágiles somos! Esto, por lo tanto, no sucede a los hombres afirmados en la piedad, pues no creen livianamente en todo lo que les dicen, porque conocen la fragilidad humana, propensa al mal y fácil en palabras.
Es gran sabiduría no ser precipitados en las acciones, ni aferrados al propio parecer. A esa sabiduría también pertenece no creer en todas las palabras de los hombres, ni llenarse los oídos de lo ajeno, de lo que se escucha y piensa. Toma el consejo de los sabios y honestos e intenta ser instruido por otros mejores que tu, antes que seguir tus propias opiniones.
La virtud hace al hombre sabio según Dios, probado en muchas cosas.
Cuanto más humilde y sumiso a Dios fuese alguien, tanto más prudente será.
En las Sagradas Escrituras debe procurarse la verdad, no la elocuencia. Deben ser discernidas con el mismo espíritu con que fueron dichas. Busca antes la utilidad que la sutileza del lenguaje. Debemos leer, con igual buena voluntad, tanto los libros simples y piadosos como los sublimes y profundos.
No te mueva la autoridad de que escribe, si es de poca o mucha erudición; y sea el puro amor a la verdad lo que te lleve a la lectura. No procures saber quién dice, sino lo que fue dicho.
Letanías de San Miguel Arcángel
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Dios Padre celestial, ten misericordia de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo,
Dios, Espíritu Santo,
Trinidad Santa, un solo Dios,
Santa María, Reina de los Ángeles, ruega por nosotros.
San Miguel, ruega por nosotros.
San Miguel, lleno de la gracia de Dios,
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Divino,
San Miguel, coronado de honor y gloria,
San Miguel, poderoso Príncipe de los ejércitos del Señor,
San Miguel, portaestandarte de la Santísima Trinidad,
San Miguel, guardián del paraíso,
San Miguel, guía y consolador del pueblo israelita,
San Miguel, esplendor y vigor de la Iglesia militante,
San Miguel, honor y alegría de Iglesia triunfante,
San Miguel, luz de los Ángeles,
San Miguel, baluarte de los ortodoxos,
San Miguel, fuerza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz,
San Miguel, luz y confianza de las almas en el último momento de la vida,
San Miguel, socorro certero,
San Miguel, nuestro auxilio en todas las adversidades,
San Miguel, heraldo de la sentencia eterna,
San Miguel, consolador de las almas que están en el Purgatorio,
San Miguel, a quien el señor encomendó recibir las almas después de la muerte,
San Miguel, nuestro Príncipe,
San Miguel, nuestro Abogado,
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo. Perdónanos Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo. Escúchanos Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo. Ten misericordia de
nosotros.
Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo, para que seamos dignos de sus promesas.
ORACIÓN
Señor Jesús, santifícanos con una bendición siempre nueva,
y concédenos por la intersección de San Miguel,
aquella sabiduría que nos enseña a juntar las riquezas del cielo
y cambiar los bienes temporales por los de la eternidad.
Tú, que vives y reinas por todos los siglos de los siglos.
Amén



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