¿Cómo organizar el tiempo de oración?
- rccrecreo

- 28 nov 2021
- 3 Min. de lectura

Todos necesitamos de nuestro tiempo con Dios. Es una necesidad vital, indispensable y urgente. Cuando rezamos el Padre Nuestro, no decimos “dame el pan para esta semana”, porque la oración debe ser nuestro alimento diario, es “nuestro pan de cada día”. Por lo tanto, debe vivirse a diario.
Entonces, necesitamos dedicar un tiempo diario al encuentro íntimo con el Señor, ¿logras comprenderlo? (Te imagino respondiendo: ¡bien, genial!) Pero, ¿cómo definir ese tiempo? ¿En qué momento del día debo detenerme y vivir la oración personal y el estudio de la Palabra?
Lo primero es dejar de decir mental o verbalmente: “No tengo tiempo”. Si Dios inventó un día con 24 horas es porque es posible hacer de todo, incluso estar con Él las 24 horas del día, dedicando momentos de ese día a encuentros profundos y personales. ¡TIENES TIEMPO!
Y Él está escondido donde haces las cosas más superfluas o innecesarias de tu hoy.
Organizando el tiempo
Escribe en un papel todo lo que haces durante las 24 horas (incluido el tiempo de uso de tu teléfono celular). Comienza a tachar lo que no necesitas realizar, lo que puede ser “cedido” de tu tiempo hoy, (lo que no es imprescindible) y encontrarás que hay mucho más espacio para Dios de lo que imaginas.
Establecer tu tiempo de oración diario es una decisión importante y que dará forma a tu rutina: habiendo visto los espacios disponibles en tu día, define tu tiempo de oración. Algunos dedican los momentos de oración y de estudio de La Palabra de maneras separadas, si esa es tu realidad, permanece atento.
Cuando establezcas tu horario, tu cerebro se tomará un tiempo para aceptar el tiempo elegido como una parte definitiva de tu vida diaria. Al principio, será difícil rezar a la misma hora todos los días. Habrá semanas en las que te detendrás, pero la falta de "costumbre" puede generar "bloqueos" y en estos momentos hay que suplicar dosis redoblada de la Gracia de Dios y la presencia del Espíritu, para que seamos vencidos por el malestar rítmico de nuestro cerebro.
Tu cerebro necesitará tu constancia, ¿de acuerdo?
Ah, ten presente, ¡no cambies el horario durante las primeras semanas, si algo no funciona! Espera. Inténtalo nuevamente. Dedica tiempo y analiza tu comportamiento. El momento ideal es cuando le doy todo a Dios, observa tu entrega. Elije la hora del día en que estés lleno de combustible. Los primeros momentos de la mañana es nuestro ideal, nos levantamos dispuestos, recargados. Hay casos y casos en los que no es posible rezar por la mañana, pero si puedes, cambia el colchón por la silla; el teléfono celular por la Biblia en la mesa y (acción) ¡oración!
También es importante analizar lo que precede a tu tiempo de oración: si tienes alguna actividad antes de tu tiempo, analiza si es algo que te roba la paciencia y la concentración. No sirve de nada llegar a la oración como "un manojo de nervios", porque terminamos desquitándonos con Dios, ¿lo entiendes?
Hal Erold, en su libro “Milagro de la mañana”, dice que su primer pensamiento antes de irse a dormir motivará su primera acción cuando se despierte. Entonces, si vas a intentar rezar por la mañana, intenta dormir inmediatamente para la mañana siguiente vivir tu momento oracional.
Procura ser paciente, persistente y prepárate como un aprendiz de tí mismo. Sobre todo, comprende que es una “costumbre” impulsada por la Gracia y no solo por tu esfuerzo humano. La vida de oración se construye durante toda la vida, no en un día o en una semana. Tendremos la vida para ejercitar este camino de cercanía, de aproximación, que nos formará y preparará para contemplar el Rostro de Cristo.
Fuente: Comunidad Shalom



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