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El ciego no vino solo



El ciego no vino solo: “se lo trajeron pidiendo que lo tocase”. Alguien intercedió por él alguien que conocía la fama de Jesús y que confiaba en que podría ayudarle. Tal vez aquel hombre no sabía quién era el Maestro, pero hubo quien se preocupó en presentárselo, en hablarle de Él, con el convencimiento de que su vida iba a cambiar para bien. ¿Te das cuenta de la importancia que tiene presentar a Cristo a los demás? Puede que no seamos conscientes de que nuestra amistad con Él puede hacer mucho bien a los que nos rodean. Sería muy egoísta por nuestra parte guardarnos para nosotros el tesoro de nuestro corazón, la fortuna de nuestra fe, el sabernos hijos de Dios y no compartirlo. Nuestra oración no debe ser solo para nosotros, debe ser para todos. La generosidad del ser humano se basa en no quedarnos para nosotros mismos los bienes que recibimos, y el bien más preciado es Cristo Jesús.


D. Luis Maldonado Fernández de Tejada, OP

Fraternidad Laical de Santo Domingo, de Almagro

fuente: dominicos.org


 
 
 

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