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LA FE DE LOS GIRASOLES


Había cierta vez un hombre conocido por su alegría y por el gran amor que había entre él y su esposa e hijos. Las personas quedaban impresionadas por verlos siempre tan unidos y afectuosos entre sí. Comentaban que eran felices debido a ese amor y a la prosperidad con que fueron bendecidos. Sucedió que, a fin de año, un gran deslizamiento de tierra devastó la región donde vivían. Su familia perdió todo lo que tenía: la pequeña hacienda, el ganado, las máquinas, los autos y algunos parientes también. En medio del lodazal solo quedaba dolor, perjuicios y deudas a pagar. Al contrario de lo que pensaban sus amigos, la alegría de esta familia no se derrumbó, ni aún su esperanza se enfrió. Un día uno de los vecinos visitó a aquel hombre: “Quiero que me hagas un favor, le dijo. “Necesito que me enseñes tu secreto. Quiero saber cómo consigues estar bien tanto en los días buenos como en los malos. Por más que me esfuerzo, yo no consigo entender de donde sacas esas fuerzas que te mantienen siempre contento”.


El padre de familia lo llevó hasta la ventana, corrió la cortina, haciendo surgir un hermoso y magnífico cantero de girasoles. Después, mirándolo tiernamente a los ojos reveló: “Ahí está mi secreto! Aquí está la enseñanza que llena de fuerza mi vida; es necesario tener fe como la de un girasol”, continuó, “en los días claros, donde todo es luz, color y alegría, su rostro siempre mira hacia el sol, así permanece del amanecer al ocaso, de este a oeste, siguiendo al astro rey en su trayectoria, recibiendo de él la luz y calor. Pero cuando el sol se pone, y la oscuridad parece negar que un nuevo día va a surgir, el girasol vuelve su rostro en la dirección que el sol resurgirá. Hace eso porque Dios, que lo creó, puso dentro de él esa certeza. Y él, -el girasol-, simplemente cree y obedece. Así también yo, en las pruebas que azotan mi vida, aprendí a volver mi rostro y corazón para el sol de justicia que trae la sanación en sus rayos: Jesús. Aprendí a esperar con confianza. Con la certeza de que la oscuridad llegará a su fin con un socorro divino que, en cualquier momento, surgirá en todo su fulgor. Quien tiene esta certeza jamás pierde la alegría


Márcio Mendes - Libro Don de Fe y Milagros. adaptación del original en português.

 
 
 

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