top of page

LOS SIETE DOMINGOS DE SAN JOSE - Segundo domingo


El dolor: al ver nacer el niño Jesús en la pobreza. La alegría: al escuchar la armonía del coro de los ángeles y observar la gloria de esa noche.


Oh bienaventurado patriarca, glorioso San José, escogido para ser padre adoptivo del Hijo de Dios hecho hombre: el dolor que sentiste viendo nacer al niño Jesús en tan gran pobreza se cambió de pronto en alegría celestial al oír el armonioso concierto de los ángeles y al contemplar las maravillas de aquella noche tan resplandeciente.


Por este dolor y gozo alcánzanos que después del camino de esta vida vayamos a escuchar las alabanzas de los ángeles y a gozar de los resplandores de la gloria celestial.


Padrenuestro, Ave y Gloria


MEDITACIÓN


Llegados María y José á Belén para cumplir el mandato de César Augusto, buscan en vano de puerta en puerta el abrigo de un techo hospitalario: el mundo cierra sus moradas a los huéspedes pobres, y niega asilo a la santidad y a la inocencia, como lo refiere el santo Evangelio, que dice: «El Hijo de Dios vino a los suyos, y los suyos rehusaron recibirle» José se vio reducido a buscar un establo abandonado; y en tal lugar plugo al Hijo del Eterno nacer, lejos de los resplandores de la gloria en que reina. ¡Cuál sería el dolor del corazón de José, mirando al divino Niño en lugar propio de bestias, y como ellas reclinado en pajas húmedas y heladas por los rigores del invierno! ¡Cómo se conmovería lo íntimo de sus paternales entrañas con aquel primer llanto del Salvador, ocasionado por el padecimiento! Si fueron tiernas, no fueron en verdad menos amargas las lágrimas que el Patriarca mezcló con las que derramaba el Niño Dios en expiación de nuestras culpas. José inclina la frente al suelo y adora como a su Dios, como a Criador del cielo y de la tierra y como a Salvador y Redentor del mundo a aquel niño tan pobre, tan humillado, tan débil y tan rechazado de los hombres; ofrécele su corazón, su alma, su vida; le bendice mil y mil veces y le da gracias por haber sido escogido y adoptado como padre.


María, tomando al niño en sus brazos, lo pondría en los de José, quien lo estrecharía contra su corazón, lo bañaría con sus lágrimas, le besaría y lo ofrecería al Padre Eterno como víctima, por la salvación del mundo. ¡Oh, qué feliz fue aquel instante para el Patriarca, hijo de David, a pesar de su pobreza y de sus penas; y. ¡cómo le deleitaron los cantos angélicos que celebraban el nacimiento del niño, a quien José podía llamar hijo suyo! Más opulento en su pobreza que sus reales ascendientes, poseía el tesoro infinito de los cielos; y su gloria, aunque escondida al mundo, estaba eclipsando a toda la que brilló en el trono de sus progenitores.


¡Oh dicha! ¡Oh sumo bien! ¡Oh delicias escondidas en apariencias de miseria y de dolores! Por este dolor y gozo tuyo, alcánzanos, Patriarca Señor San José, la gracia de apartar nuestro corazón de las pompas y vanidades del mundo, y poner nuestra dicha en la posesión de Jesús, que es el único bien durable y verdadero.
Amén.
 
 
 

Comentarios


© 2021 by Comunidad Piedras Vivas. Proudly created with Wix.com

  • Twitter Classic
  • c-facebook
bottom of page