Sacramento de la Reconciliación y TOC religioso
- rccrecreo

- 15 feb 2025
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La mejor manera de ayudar a una persona que sufre por este tipo de angustias es acogerla con paciencia y caridad. Seguramente está sufriendo mucho y necesita ser escuchada y comprendida. Esto tiene sin duda rasgos de escrúpulo, una dificultad en la que la persona no distingue bien entre pecado y tentación, y vive con un temor constante de ofender a Dios. A veces, esto puede estar relacionado con un Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC) de tipo religioso, que necesita un abordaje más amplio.

Lo primero es recordarle la misericordia de Dios. El pecado requiere pleno consentimiento y plena advertencia. Los pensamientos que vienen sin buscarlos no son pecado, sino tentaciones. No se peca por sentir una inclinación o por tener pensamientos involuntarios, sino solo cuando se aceptan voluntariamente con malicia. Si la persona confiesa constantemente cosas que no son pecado o vive con una angustia permanente, es posible que esté atrapada en el escrúpulo, que lejos de ser un acto de piedad, puede convertirse en una falta de confianza en Dios. No porque quiera dudar de su misericordia, sino porque su mente la traiciona con miedos irracionales.
Si el problema es escrúpulo, la solución pasa por obedecer al confesor, reducir la frecuencia de las confesiones y rezar con confianza, no con miedo. Es bueno leer sobre la misericordia de Dios y formarse en moral para tener una conciencia bien formada. Pero si la angustia es demasiado intensa y la persona no encuentra paz, es posible que haya un componente psicológico, como el TOC religioso. En estos casos, además de la dirección espiritual, es importante buscar ayuda profesional. La terapia cognitivo-conductual ha demostrado ser muy eficaz, y en casos más graves, un médico podría valorar un tratamiento farmacológico.
A nivel espiritual, es clave no reforzar las compulsiones. Si la persona se confiesa continuamente o busca seguridad absoluta en cada duda, hay que ayudarle a confiar en la misericordia de Dios y no caer en un círculo de angustia. La fe no es una carga, sino una relación de amor y confianza. Dios no nos pide estar seguros de todo, sino abandonarnos en sus manos. Rezar con sencillez, sin repetir oraciones hasta sentir que "están bien hechas", ayuda a vivir la relación con Dios de manera más libre.
Por encima de todo, hay que transmitirle que Dios no quiere que viva esclavo del miedo. Él nos ha creado para amarle y confiar en su bondad, no para vivir aterrados por si hemos cometido un error. Su amor es más grande que nuestras dudas, y la mejor respuesta ante la incertidumbre es confiar en su misericordia.
publicado por @sacerdosmariae



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