La perfección de la caridad: de los gestos concretos a la entrega total
- rccrecreo

- hace 3 días
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La caridad es un camino que se alimenta y crece: comienza en la solidaridad concreta y se perfecciona en la entrega total. No basta con palabras; la fe se verifica en obras de misericordia que revelan el amor del Padre en nosotros.

La perfección de la caridad
Ustedes saben, hermanos, cuál es la perfección de la caridad. El Señor nos hace conocer en el Evangelio el grado supremo y la manera “No hay amor más grande que dar la vida por los amigos” (Jn 13,15). En su Carta, San Juan nos invita a alcanzar esa perfección. Pero, nos interrogamos ¿cuándo podré tener tal caridad? No desesperes demasiado rápido. La caridad quizás ya está en ti, aunque todavía imperfecta. Alimentémosla para que ella no sea velada. ¿Cómo lo sé?, me dirás.
San Juan nos dice “Si alguien vive en la abundancia, y viendo a su hermano en la necesidad, le cierra su corazón, ¿cómo permanecerá en él el amor de Dios?” (1 Jn 3,17). He aquí dónde comienza la caridad. Si todavía no eres capaz de morir por tu hermano, sé capaz por lo menos de darle algo de tus bienes. ¡Qué la caridad ya mueva tu corazón, para hacerte actuar no por ostentación, sino por sobreabundancia de misericordia -surgida de lo profundo de ti mismo- y que ella te renda atento a la miseria de tu hermano! ¿Si no puedes dar a tu hermano de tu superfluo, cómo podrás dar tu vida por él? (…)
Si el amor del Padre permanece en ti, has nacido de Dios. ¿Puedes glorificarte de ser cristiano? Si tienes el nombre, debes tener las obras. Si tus obras se acuerdan con tu nombre, te pueden tratar de pagano, pero mostrarás por tus obras de ser cristiano. (…) “Hijitos míos, no amemos solamente con la lengua y de palabra, sino con obras y de verdad” (1 Jn 3,18).
San Agustín (354-430)
obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia
Comentario de la Primera Carta de San Juan, tratado 5,12 (Lectures chrétiennes pour notre temps, Abbaye d'Orval, 1972)
Oración
Padre amado,
abre mis ojos a la necesidad de mis hermanos,
fortalece mi corazón para que mi amor
no se quede en palabras,
sino que se convierta en obras de misericordia y,
si lo pides, en entrega total de mi vida.



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