USTEDES SON LA SAL DE LA TIERRA
- rccrecreo

- 8 jun 2021
- 2 Min. de lectura
Mateo 5, 13

Todos sabemos que la sal nos produce sed. Así que cuando Jesús dijo que sus discípulos eran la sal de la tierra, entendemos que los estaba llamando a provocar sed en otras personas. Pero, ¿sabías que te está diciendo a ti lo mismo? Jesús desea que todos tengan sed de él y de la promesa de su Reino, y eso incluye a aquellos que te rodean. El Señor quiere que compartas la buena noticia de su amor de una forma que los atraiga y les provoque sed de su presencia.
Muchas personas no tienen sed de Dios porque piensan en la fe como eventos más históricos del pasado. Pero si alguien necesitara agua, tú no lo enviarías al lecho de un río seco. ¡Más bien lo enviarías a un arroyo caudoloso y lleno de vida! De manera que cuando tu vida es un testimonio de que Jesús no vino a establecer un montón de reglas sino a cambiar el corazón y a fortalecernos para tener una nueva vida, las personas empiezan a sentir sed por lo que tú tienes.
Por ejemplo, una forma de hacerlo es hablar sobre la capacidad de Jesús para sanar o su gracia para perdonar, y además compartir relatos de tu vida a modo de ilustración. A veces, el solo hecho de recordarle a un amigo que Dios está actuando en su vida en ese justo momento es ser sal para él. Animarlo a que le pida dirección a Jesús también es ser sal de la tierra. Al igual que lo es prometerle que vas a rezar por sus necesidades y recordar hacerlo todos los días. En otras palabras, ¡tú no tienes que ser un santo para lograr que alguien tenga sed de Dios! Recuerda siempre, tú no eres la fuente de agua viva para los demás; tú solamente debes mostrarles dónde encontrarla.
Piensa por un momento en la gente que está a tu alrededor. ¿Conoces a alguien que tenga sed del Señor pero que aún no sea consciente de ello? Seguramente que sí. Piensa también, ¿hay alguien que podría responder positivamente a una invitación a beber del agua viva que Cristo nos ofrece? Reza por esa persona, pero, sobre todo, asegúrate de pedirle al Espíritu Santo que te ayude a convertirte en la sal que producirá sed y lo guiará al manantial de vida: Jesús.
“Señor, te ruego que me concedas la gracia de ser sal y así provocar la sed por ti en aquellos que me rodean.”
2 Corintios 1, 18-22 Salmo 119 (118), 129. 130. 131. 132. 133. 135



Comentarios